El Fantasma del Windows Live Messenger


 



Había dejado de escribir o de publicar escritos que aún están en borradores, por eso de vivir en la incertidumbre y darle un espacio prudente al sueño de ser un gran escritor, por lo menos para mis amigos, pero bueno, aquí está otra historia. Lo que te voy a contar (como todo lo que te he contado antes), quiero que quede entre los dos, no por malo, no. Sino que, hay historias que no puedo contar igual dos veces por eso de la emoción de los momentos, y que si se la cuento a otra persona, puede que no concuerden las versiones y bueno, ya sabes. 

Todo esto fue real, o por lo menos es lo que creo, y sucedió hace más de 14 años más o menos de esta forma... Espera, colócate audífonos y escucha la canción The Conquest Of Paradise de Vangelis. ¿Listo? Ahora sí, sigamos...

En ese entonces, no había otro lugar para conocer personas que: Windows Live Messenger (WLM); ChattangoFacebook, en sus inicios; TuChat.com, entre otros. Caminar hasta el CIBERCAFÉ más cercano, era el ejercicio perfecto del vivir en la juventud y adolescencia; actividad que hoy solo es una gota de agua que corre por un tejado llamado "olvido". 

Yo vivía en WLM. Fue un amigo quien me metió en ese mundo. Todos los días después de clases de la Universidad, nos íbamos caminando hasta un Cyber que estaba cerca y pedíamos lo de siempre: "Me regalas una hora de internet, por favor." Se iniciaba sesión en WLM, pero también en TuChat.com, porque allí era donde conseguíamos los contactos nuevos. Cada uno tenía su lista de "amigos", pero que al final, esas listas se compartían; era un trueque de gente por conocer. Se usaba el WLM PLUS, como enhancer de la aplicación, teniendo modificación de los formatos de texto; estados personalizados; abrir múltiples cuentas a la vez; predeterminar mensajes; hacer un rastreo del historial de eventos de nuestros contactos; guardar el historial de conversaciones (de las cosas más importantes y útiles); colocar sonidos personalizados y muchas cosas más; recuerdo que alcancé a tener más de cuatro mil contactos, pero siempre hablaba con los mismos 20 o 30 conactos, y eso, había días que no hablaba con nadie. Tanto fue la enviciaba que generaba esta aplicación de chat, que le rogué a mi mamá que me comprara un computador y me colocara internet, dizque para estudiar, bueno, sí lo hacía, pero el fin primordial era ese: chatear.

Ivory, así tal cual recuerdo su nombre, era un contacto adquirido por ese intercambio de listas entre los amigos; era una línea más entre todas las presentes en el WLM. Un día cualquiera, al filo de la noche, surge un "Hola, ¿cómo estás?" de su parte. Asombrado por esa estampida de saludo (el cual no era tan casual entre los nuevos contactos), contesté de igual forma y ahí comenzaría lo que sería días y días de conversas e intercambio de información de mucha emoción. Esa primera noche se habló de gustos musicales; sitios más bonitos para conocer a alguien por primera vez; comida favorita; pasatiempo favorito; lugar de residencia; estudios; con quiénes vivíamos; viajes realizados; todo un mapeo del día a día de cada uno; cosa que fue muy interesante en verdad.

Al día siguiente, me tocó ir a la universidad con esa sensación de que había triunfado por primera vez en mi vida en esas cosas del ligue, pues como te he contado en muchas otras historias, nunca fui ni seré bueno con la seducción y el cortejo para con las mujeres. Entré a clases y en el transcurso de esta, le conté a mi amigo Jambel sobre lo que había sucedido la noche anterior, por lo que, en ese mismo instante, pensamos en evadir la clase para ir a conectarnos a la red social, pero no fue así: fue apenas a mediodía que pudimos salir. Bajamos al cyber con la prisa de como quien lleva en sus manos la buena nueva para un pueblo sediento de noticias alentadoras. Nos conectamos lo más rápido que pudimos y en ningún momento ella se conectó. En ningún bendito momento, y fue así como se perdieron algunos pesos esperando un saludo de su parte. Regresamos a clases de la tarde con la decepción a flor de piel. En verdad, fui yo quien volvió frustrado. Él me decía que todo era invento mío, pues en su lista de contactos no había nadie con ese nombre y ambos teníamos los mismos contactos, en teoría.

Llegué a mi casa y lo primero que hice fue encender el computador e iniciar sesión, con lo que de forma inmediata llega un mensaje:

- "Hola, ¿cómo estás?, ¿qué anduviste haciendo en el día que no te vi conectado?

Tuve sensación de desvanecimiento, me eché hacia atrás en la silla, quedé sin nada que escribir; al teclado se le borraron todas las letras en ese instante.

- ¿Cómo que no estuve conectado? Me conecté por más de dos horas en todo el día - Respondí.

- ¡Claro que no! Sabes que yo apenas vengo de clases, me conecto. Y hoy no fui. He pasado todo el día aquí en el computador - refirió.

- ¿En serio? - me asaltó la duda.

- ¡Claro que sí! Tú eres quien me está mintiendo, diciendo que te has conectado.

Otro sinsabor más potent. Me paré. Bajé al patio. Revisé los árboles de los vecinos que reposaban en la pared de mi casa. Nada parecía realidad. Nada parecía estar pasando. Bebí agua. Subí. Me volví a sentar en el computador. Tomé una bocanada de aire y le pregunté por qué no había ido a clases, y ahí empezó a contarme varias razones que, al final, todas eran válidas para no asistir a la academia. Por ese día, no hubo más conversación que seguir con el ejercicio de conocernos y hablar de música; fue el tema principal.

Fueron pasando los días entre conversaciones desde Ricardo Arjona, hasta cuál era el tiempo necesario para que una tajada de plátano no se quemara después de haberla echado en el sartén. Cualquier recurso económico que caía en mis manos, era para conectarme en horas del mediodía (horario en el que me tocaba ir a la universidad o estaba fuera de mi casa). Incluso, llegué a pagar horas de internet en un café que quedaba en frente a la cancha donde jugábamos fútbol en el barrio cuando de repente sentía esa necesidad de hablar con ella; esa cancha estaba a 5 minutos de mi casa. Yo andaba sin rumbo en lo sentimental. Ella al parecer, tampoco tenía a nadie en sus entrañas con respecto a una pareja; a el amor. Vivía con su mamá y abuela, creo. Su mamá pasaba viajando a las islas de San Andrés y Providencia, según me contó.

Bueno, te digo que, para describirla, tendría que irme a las bóvedas de mi memoria. Déjame andar unos pasos a través de las puertas de mi mente. Estoy descendiendo las escaleras, y ya, ya logro verla. La tomaré de mi mano y te diré lo que pueda ver de a poco para que la puedas dibujar en tu mente. Ahora, te pregunto: ¿sigues escuchando la canción que te comenté hace algún rato? Perfecto. Continuemos: Era de no más de un metro sesenta de estatura, delgada, morena, con una sonrisa divina, sus ojos... sus ojos... eran lunares del universo. Bueno, eso era lo que se podía ver en las fotos que nos compartíamos; aunque estas demoraban un mundo en llegar. Además, te puedes imaginar la calidad de una fotografía de hace más de una década.

Casi todos mis amigos cercanos sabían de ella. Mi mamá me regañaba por quedarme hasta tarde chateando en el computador, tanto así, que me amenazaba con la llorona, el caballo sin cabeza, las brujas y demás, para que yo me fuera a la cama antes de la medianoche. Estaba viviendo una película de romance que ni el mismo Riso; Coelho; Gustavo Adolfo Bécquer; Mario Benedetti o Shakespeare hubiesen podido escribir, incluso ningún romance era igual o más intenso que este, y por supuesto que ni La historia de “Lighea” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, podría superar.

¿Estaba pactada mi felicidad infinita?, ¿Se acabaría mi rutina del vivir sin rumbo más allá que el fútbol o intentar ser Químico Farmacéutico?

A propósito, deberías pasarte por los escritos de "Mi vida siendo Químico Farmacéutico"; hay muchas cosas de mini éxitos y mini fracasos, pero al final, un gran escrito.

Después de tantas vivencias virtuales, solo me faltaba ese destello de valentía para, por fin, pactar conocernos en persona y darle trámite a una serie de mini pactos que teníamos por cumplir para el día en que nos topáramos de frente. 

El día había llegado...

Fue para su cumpleaños, que, si no me equivoco, era un catorce de abril. En verdad no recuerdo. Lo siento por no darte la fecha exacta y puedas apelar a los signos del zodiaco para describir su personalidad, virtudes, defectos y demás cosas que según dice el horóscopo. Se habló de eso en una noche de marzo. Me explicó dónde vivía y qué transporte debía coger para llegar a su morada. Yo, iba planeando la forma de cómo ir vestido; cómo conseguir dinero suficiente para poder acompañar el momento que imaginaba sería "transcendental" en mi vida. Le comenté a un amigo para que me acompañara ese día tan importante para mi vida emocional... según.

Abril iniciaba con la premura que tienen todos los meses por darnos la caducidad programada que nos colocan al nacer, pero se pausó justo una semana antes, en el momento que inicié sesión y no la vi conectada a la hora habitual, cuando unos minutos antes me había mandado un mensaje diciéndome que me estaba esperando para conversar. Le escribo a decirle que estoy en línea y no la veo conectada, pero ella me dice que sí está y que está viendo “La música que estoy escuchando”. Las piernas me temblaban; comencé a sudar sin parar y no lograba ver muy bien. Bajé al primer piso a beber un poco de agua. Me senté en las escaleras a conversar con mi mamá sobre algún tema que gastara minutos para darle oportunidad a que la chica del WLM se conectara realmente, pero al subir y sentarme frente al computador pasado un eterno tiempo traducido en 5 minutos, no la vi en línea. Sentí una zozobra mucho mayor a mi imaginación y mis ganas de comprender que algún imprevisto había tenido y no se había podido conectar. Pasó toda la noche y nunca se loggeó. Creo que fue el primer día que sentí una angustia real y no una angustia infundada y temporal. Fueron más o menos de tres a cuatro días en los que nunca apareció, cuando de repente aparece la ventana emergente de WLM "Ivory ha iniciado sesión" ...

Sentí la alegría inmensa; el júbilo inmortal: la satisfacción completa. En ningún momento demostré mi alegría intentando escribirle enseguida. Me tomé mi tiempo. Cinco minutos. Diez. Quince. Treinta. No llegaba mensaje. El pánico se apoderó de mí una vez más. Tenía un impulso de explotar y escribirle; preguntarle adónde se había ido en estos días; cómo había estado; si le había pasado algo malo, pero no, no debía escribir: demostrar que estaba impresionado, disminuía mi valor.

Ivory, ha cerrado sesión.”

No dijo ni un "Hola". No escribió absolutamente nada. Presa del miedo, apagué el computador desconectándolo. No entendí nada. Me acosté. Intenté buscar alguna explicación en el techo de mi cuarto. Intenté encontrar argumentos en las canciones de Cassettes que se reproducían en mi grabadora. No podía dormir, daba vueltas en la cama, pero no lograba conciliar el sueño. Una de la mañana. Dos. Tres. Cuatro. Cinco. Ya era hora de irme a la universidad, así que me paré de la cama y me fui al patio a bañarme. No hallaba razón alguna de lo que había sucedido esa noche. Los árboles del vecino no decían alguna cosa que pudiera aquietarme. Entre pájaros y sonidos de la madrugada, me alisté y emprendí el rumbo a paso lento desde mi casa hasta la universidad, pues necesitaba no llegar tan rápido; sentía que mi agonía se incrementaba si arribaba muy temprano al salón de clases, para escuchar cualquier cosa que no tendría ni medio de importancia para mí en ese momento. Al día siguiente, nada de nada. Ningún mensaje. No señal de vida. Confuso y embriagado de desconsuelo, me resigné a buscar explicaciones que no dependían de mí. Me dediqué a jugar al fútbol y esperar cualquier eventualidad.

Conectado logro ver...

"Ivory, ha iniciado sesión"

-      Hola, Luis, ¿por qué no me quieres hablar? He pasado todos estos días aquí esperando que me saludes y no lo haces. No sé qué te hice que no me quieres hablar.

Ella nunca me había hablado de esa forma. Ella nunca me diría esas cosas. En verdad no.

Mis latidos se fueron a 150 en menos de 5 segundos. Sentí desmayar. Sentí un pánico que no me dejaba respirar. Miré hacia la ventana que estaba a mi derecha y vi en el fondo un árbol y la incertidumbre colgada en unas de sus ramas; esto no me puede estar pasando, pensé.

Seguí conversando sobre lo que se dio en días anteriores y sus respuestas eran lentas, casi que exactas, como cuando se hace copia y pega de datos desde otra fuente.

- Después de todo, ¿qué harás siempre para tu cumpleaños? - pregunté.

- No sé. De verdad no sé. Mis amigas creo que vendrán a casa, ¿por qué?

- Nada en especial. Solo que ya es casi la próxima semana y eso... 

- De igual forma, haga lo que haga, tú tienes que venir a mi casa - me enfatizó.

Me levanté de golpe de la silla y me asomé a la calle, con ganas de gritar y vociferar que algo en ese momento no estaba bien. No supe qué hacer, cuando de verdad me asimilé de que conocería en persona a la chica del WLM; aunque en ese preciso instante no estaba seguro de que fuese buena idea.

- Claro que sí. Solo me avisas. – reafirmé

- Bueno. Estás pendiente. Cualquier cosa te llamo al fijo de tu casa o te mando un mensaje de texto.

Voy a morir, pensé. ¿Cómo diablos ella me llamará a mi casa si nunca le he dado mi número de teléfono fijo?, ¿cómo me enviará mensaje de texto, si mi teléfono para ese instante estaba dañado?

- Claro que sí. Estoy pendiente -- contesté en automático.

- Bueno me voy. Hablamos en un rato. 

Ese rato demoró 3 días...

Me dio el "Hola" después de varios minutos de haber iniciado sesión.

La conversación demoró muy pocos mensajes y terminó con:

"Te espero el jueves en mi casa a las 7:00 p.m. Estaremos mis amigas, mis amigos, mi mamá, mi abuela y creo que unos compañeros de la academia. Vivo en el Barrio Melancolía en la calle 7. Mi casa es la tercera a mano izquierda, después que entras por la calle. De igual me escribes cuando vengas."

Era de noche y no sé si dormí por miedo a seguir despierto o por el peso de la incertidumbre, pero esa noche: dormí.

- Hermano, necesito que me acompañes a una fiesta de una muchacha que conocí por el Windows Live Messenger. Es el jueves.

- Claro, bro. ¿Cómo hacemos?

- Llegas hasta la esquina de la casa y de ahí cogemos un taxi o una buseta; eso no tiene pierde.

- Dale, dale. - Me confirmó Joel.

Fue la corta conversación con un gran amigo que sentí era la persona indicada para afrontar cualquier desenlace en ese día. Joel. Sí. Ese mismo que hoy sigue siendo mi gran hermano.

No tenía ni un peso, pero enseguida me puse en la diligencia de buscar dinero. Lo logré. Conseguí para los taxis de ida y vuelta, más para alguna cosa que se pudiera presentar en la reunión; cualquier cosa que no superara los cien mil pesos colombianos.

Esperé a Joel, en la esquina pactada. El tiempo se hizo corto y nos encontramos muy rápido. Tomamos un taxi con dirección al encuentro con ella. No sabía qué nos esperaba; no sabía si regresaríamos.

Unas horas antes, había hablado con la chica del WLM, y ella solo se conectó para decirme:

- Te escribo para confirmarte la invitación.

- Voy con un amigo, ¿no hay problema? 

- ¿Con un amigo?

- Sí, claro.

- ¡Mmm! - Noté duda en su expresión.

- ¿Qué pasó?

- No nada. Solo que pensé que venías solo.

Jamás lo haría - Pensé.

- Claro, solo que mi amigo me llamó de prisa para una cuestión y ahora no me lo puedo quitar de encima para decirle que me iré a ver a una mujer; no me lo perdonaría - le dije al final.

- Ok. Te espero, pues.

Descendimos del taxi una cuadra mucho antes de donde ella había señalado antes, pues nosotros nunca nos bajábamos en nuestras paradas normales, por eso de la desconfianza para despistar a los ladrones... 

Descendimos del taxi a una cuadra muchos antes de donde ella había señalado antes, y nos mirábamos las caras como si fuéramos al encuentro con el mismo Caronte, de camino a cruzar el Río Aqueronte. Caminábamos lento y mirando para todos los lados tratando de ubicarnos en la calle indicada y sí, le envié un sms para decirle: "creo que estoy una calle antes de la tuya; sal a la carretera".

Efectivamente ella se asomó en la esquina y fue un choque de impresión tan grande que no recuerdo bien qué le dije al final de ese momento que duró una eternidad de cinco segundos, para después decirle: "Feliz Cumpleaños, mujer". Ella, creyó que yo era Joel. Seguido a esto, le presento a mi amigo y subimos la calle hacia su casa. Fueron exactamente cinco casas a la izquierda donde llegamos y entramos. Había mucha gente, alrededor de doce o más, y fue de uno de los momentos más incómodos de mi vida hasta ese instante. Nos presentó a todo el mundo y de una forma natural, sin el compromiso de la vergüenza, me brindó una cerveza y algo de cosas que repartían en ese pequeño agasajo. La verdad yo no veía eso como un cumpleaños real, sino como un plan entre varios amigos para propiciar un espacio para conocernos. Aún siento eso. 

La noche pasaba entre risas y anécdotas de todos ellos, pues eran conocidos del colegio y algunos del barrio. Todos preguntaban qué hacíamos los dos y qué estudiábamos; la conversación fluía sin ningún tipo de obstáculo. Su mamá, que de por cierto era muy joven, comentaba sobre sus viajes turísticos y en especial a San Andrés, por lo que me pareció una vida bastante alucinante; solo dedicarse a viajar.

Por otra parte, su abuela también contaba cosas de su pasado e historias de La Chica del WLM, para al final comentar que era una niña muy inteligente y que su sueño era ser Azafata, pues quería seguirle los pasos a su mamá del viajar, pero que le generara ingresos o un empleo muy digno. Hasta ese momento, yo no era tan experto ni había comenzado a estudiar la expresión corporal y lenguaje no hablado, pero yo miraba y todo mundo se comportaba como si ya el papel de amigos y de cumpleaños se estuviese acabando y ahora tenían que improvisar, por lo que le pregunté a Joel en voz baja, que a qué hora nos íbamos, a lo que él me responde que, en un rato, pues todavía tenía tiempo para llegar a su casa; cosa que me generó incertidumbre y el virus del miedo invadió en ese momento.  

Ella, se sentaba a mi lado y me miraba como con la curiosidad de ver a alguien por primera vez en su vida y no como la persona que llevaba conociendo por fotos desde hacía meses; eso me causaba terror: no puedes reparar a una persona como si nunca la hubieses visto. Su tono de voz era un tanto diferente al de las llamadas por WLM y demás, pero asumo que es por eso del cambio de la frecuencia del sonido según el sistema de comunicación. Comencé a validar algunas cosas de las que habíamos hablado por el Messenger para corroborar que en realidad estaba con la persona correcta. Sus respuestas eran planas y basadas en la no argumentación, para no dejar margen de error posible o a lo mejor respondía así por eso de no extendernos en la conversa y no abandonar a su gente durante la reunión.

La noche tomó partido y se hizo tarde entre risas e historias; entre miedos y derivas. Nos sirvieron la respectiva comida, que por cierto tampoco parecía de cumpleaños; nadie brinda comida chatarra pre comprada para un cumpleaños y mandados a comprar con plata recogida en el instante. Al final, me despedí de su mamá, abuela y amigos, con la respectiva compañía de ella hasta la calle donde nos había recogido. Volteé a ver hacia atrás para confirmar la calle y las casas que estaban en frente y demás, para cuando "volviera algún día", no perderme. Llegamos hasta la esquina y en el andén, esperamos un taxi en pleno silencio hasta cuando Joel, dice que caminemos hasta la otra esquina que es dónde está el semáforo y pasa más transporte. Ella, me agradeció por haber ido a su cumpleaños y al final de todo nos dio un abrazo un tanto extraño y un beso en la mejilla. Nos fuimos caminando con la misma desconfianza de la venida hasta tomar el transporte y regresar a nuestras moradas.

Regresé a mi casa con una incertidumbre mayor. Me conecté para informarle que había llegado. No sentía felicidad. No sentía victoria ni mucho menos. Solo que había sido un momento que no entendía y mucho menos si el abrazo de despedida fue real; no fue un abrazo de dos personas que estaban viviendo una novela romántica virtual y demás. 

Dormí algo intranquilo, pero al final, dormí.

Me levanto y voy a mi clase de la U. Al mediodía me conecto y vaya sorpresa: no tengo ningún contacto llamado Ivory; no existe indicio alguno de que hay o hubo conversación. Revisé mi historial y ni rastro de conversa. Busqué en Facebook, y tampoco aparecía algún contacto con ese nombre. Me relajé y volví a clases de la tarde.

Al llegar a mi casa, sigo con el ejercicio de procurarla y le pregunto a mis amigos cercanos con los que cambiamos contactos, si tenían una persona con ese nombre. Ninguno decía nada. Nadie nunca había tenido a esa mujer. Sentí escalofríos recorrer mi cuerpo de una forma tan lapidaria, que no pude darme cuenta de que estaba bañado en sudor. Al par de días pasé por su casa y no había nadie. Esa casa pareciera que nunca la hubiesen abierto. Era como si estuviese abandonada. Tanto así, que consulté con un par de amigos que vivían muy cerca al lugar y me dijeron que ellos conocían a todo mundo en esa calle y que no reconocían las fotos de la persona que le mandé. Consulté con Joel, y me dice que nosotros sí fuimos a ese cumpleaños y que nos dieron comida, tragos y cervezas...

No sé si la persona que vi en persona era la verdadera con la que hablé todo el tiempo o fue una persona que se prestó para darle un emotivo final a un historial de WLM. Hoy día, no sé nada de ella. Ya han pasado 14 años. No redes sociales. No correos. Ni Google logra encontrar algo relacionado a esa mujer, que, desde aquel instante de abril, se llamó:

"El Fantasma del Windows Live Messenger"

Debía contarte esto algún día; espero lo hayas vivido como yo...

Aunque yo, en verdad, no sé si esto lo soñé y se convirtió en una verdad colectiva entre todas mis personalidades o fue que en realidad, esos meses de romance pertenecieron a esta vida física y mi cerebro lucha por olvidar, quizá, una de las mayores situaciones frustrantes de mi vida.

 

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