Capitulo I Con dos mil pesos llegué a la felicidad de "Mi vida siendo Químico Farmacéutico"


Copa de Higea
Símbolo de la Profesión Química Farmacéutica



Si no estoy mal, todo sucedió así…

Trabajaba para esa época como empacador en el súper mercado “Los Chagualos” del barrio Martínez Martelo. Entraba a las 6:15 de la mañana, y ese ejercicio diario de que me levantara mi mamá para ir a cumplir con el deber, estaba motivado y proyectado a que ahorrara el dinero suficiente para hacer efectiva la inscripción en la Universidad de Cartagena, en la carrera de Química Farmacéutica. Si no estoy mal, costaba setenta y poco; una meta relativamente accesible.

El tiempo fue pasando y dentro de ese trabajo, conocí muchas personas que al tiempo se convirtieron en amigos. Tanto así, que las ganancias no eran estables todos los días. Un día, fácil te podías ir a casa con diez mil, quince o hasta más, y, otros, que solo daban para los pasajes, que en ese momento no superaba los mil y algo, no recuerdo exacto cuanto costaba… y era entonces que quien hacía más dinero le compraba los desayunos al día siguiente al “Hermano”, el cual pasaba todos los días temprano con su triciclo que contenía la vitrina con arepas, empanadas, papas y demás fritos. También, la nevera de “Icopor” con los jugos de corozo, maracuyá y avenas; ese era el menú diario. Entonces, eso de ahorrar se había convertido en una posible traición a la amistad, al compartir, a ser uno el apoyo del otro en ese escenario en que casi todos, teníamos necesidades, algunos menos que otros.

Después de un tiempo llegó la fecha de inscripción en la universidad, y, yo, me había gastado lo poquito que había ahorrado. Las fechas límites de pago estaban muy cerca y literalmente: no tenía ni un peso ahorrado. He aquí donde aparece una de las heroínas de mi vida y es mi abuela. Recuerdo, que el plazo para comprar el pin era un viernes y el jueves, yo estaba resignado a no presentarme, y llegué como la mayoría de los días a almorzar en el puesto de ella; en el cual vendía comida. Fue entonces donde al verme la cara de preocupación o decepción me pregunta qué me pasaba, yo le comenté lo que había sucedido y me dice “aquí tengo una plata ajena, coge y vez a inscribirte”. Salí a comprar el pin y me inscribí en lo que sería la carrera que cambiaría mi vida.

Para el día del examen, me había quedado dormido; mi mamá me levantó (como siempre).  Fue un corre que corre para llegar antes de 7:00 a.m a la sede Piedra de Bolívar de la Universidad de Cartagena para presentar la prueba. No llevaba borrador, pues tenía por ley que, si me equivocaba, quedaba así, pues en ocasiones anteriores la duda me había dado malos resultados, un lápiz mocho por la mitad y una cuchilla para sacar la punta. La credencial parecía un papel cualquiera, arrugado, incluso, hasta con tinta corrida y menos mal, eso no interfería en la información necesaria para entrar al campus. No recuerdo el salón, ni la silla que me tocó. Solo me acuerdo de una muchacha de mi lado derecho que también se estaba presentando en mi misma carrera y su egocentrismo le dio para decirme que ella sí iba a pasar… en pocas palabras; que yo no. Yo veía a todos lados y sentía que estaba haciendo una buena prueba, pero yo sabía que alguien con las mismas aspiraciones, estaba haciendo una prueba mucho mejor. Gasté un poco más de la mitad del tiempo ofrecido y salí solo con el pensamiento de ir a mi barrio a jugar fútbol, porque recuerdo ese día, también teníamos una final en “El campo de la paz”.

Los resultados, salieron un viernes, mi mamá no tenia en el instante el dinero para los pasajes y me dijo “vez donde Luisa, mi tía, que te dé dos mil pesos, que yo se los doy luego”. Fue entonces, que cogí el bus de ida hacia la universidad sede principal en el centro. Llegando, cantidad de gente, algunos entraban, como yo, con la ilusión de haber pasado. Otros, salían llorando por no haber logrado el objetivo. Yo seguí caminando hacia la pared en que estaban las listas y pensé “Yo, no me voy a buscar fuera de los cincuenta, yo sé que pasé”, y fue así, comencé buscándome desde el cincuenta, cuarenta y nueve y así…en la medida que iba subiendo, iba sintiendo esa zozobra y angustia, pues yo al no haber respondido muchas preguntas, estaba seguro que no podía estar entre los primeros. Fui subiendo y llego a la secuencia del veinte y nada, seguía subiendo y ya iba por el quince, catorce, por ahí, yo, estaba muy asustado y casi decepcionado, cuando el ojo, alcanza a medio leer mi nombre completo en el puesto número nueve. Yo no sé si me nublé en el momento, pero me eché hacia atrás, entré como en realidad de nuevo y pensé “¿Será que soy yo en verdad…?” me acerqué de nuevo con ese miedo de haber visto lo que no era y efectivamente, había pasado en el puesto nueve. Si yo pudiera describir como me sentí ese día, creo que podría decir que, fue de los momentos más felices de mi vida, o quizá, el más feliz.

Yo, no cabía en mí mismo. Sentía que mi cuerpo y mente no estaban preparado para tanta satisfacción en ese momento. Tanto fue así, que me quedaban mil pesos, salí y busqué una señora que vendía minutos. Comencé a llamar a mi mamá y nada, no contestaba, timbré muchas veces y nadie levantó el teléfono en mi casa. Yo quería compartir la noticia con mi familia y llamé a una vecina del frente, que al final, éramos familia por las cosas convividas y al escuchar el “A” yo solamente dije “nena(era la hija de la vecina), dile a mi mamá que pasé en la universidad. La estoy llamando y no coge. Dile, dile”. Colgué y llamé a mi tía, la cual vivía con mi abuela y también le di la noticia con la más grande felicidad. Todo estaba dado. Había pasado en la gloriosa Universidad de Cartagena. Pero también, me había gastado del pasaje de vuelta a casa, llamando.

De la alegría, caminé todo el centro, llegué al parque Fernández Madrid, me senté a asimilar lo que me estaba pasando en ese momento. Luego, me subí a la muralla y la caminé viendo hacia la playa, los carros que pasaban por la Avenida Santander, me fíjaba en los semáforos y contaba el tiempo que demoraban en cambiar. Llegué a la cancha de las tenazas a ver a unos muchachos que entrenaban fútbol. No sabia como gastar mi felicidad. No sabia como decirle a la vida, lo contento que me sentía. Entrando en razón, me di cuenta que me tocaba caminar desde Las Tenazas hasta mi barrio La María, así que, me fui por toda la Avenida Santander, dando pasos por toda la arena de la playa. Llegué al Cai de Policía del Barrio Crespo, subí a Lemaitre, pasando por Canapote, para por fin llegar a mi casa, después de haber hecho una pasada anterior por el barrio La Paz.

Llegando a mi casa, chiflé, salió mi mamá y hermana a darme un abrazo que reflejó su orgullo y mi satisfacción. Y, solo con dos mil pesos, fui al encuentro con la felicidad.

No sabría qué cosa sería de mi vida hoy, sin ser Químico Farmacéutico.


Comentarios

  1. y si te digo que salieron unas lagrimas lo creerias?

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    1. Joda hermano, lloré de felicidad x ti, pq me reflejé en la misma situación..no había leído tu artículo,ayer te comenté el estado y no había leído,da pero que chévere...

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    2. Muchas gracias a ambos. De verdad solo soy el ejemplo vivo de muchos de nosotros que pasamos dificultades para surgir y no perdernos por los senderos tenebrosos de la vida.

      Yo cada vez que lo leo, siento que mi vida toma sentido. Gracias de verdad.

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  2. Anda lucho , lloré de verdad que historia tan hermosa , eres un hombre digno de admirar , y tu gran fortaleza esta en tu familia esa madre pujante , tu abuela ,tu hermana y tu tío

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  3. Mi hermano que sensación tan increíble experimenté al leer esté, su primer capítulo. No se si por la similitud de mi historia con la suya o por conocerlo saber la calidad de humano que és. Que motivador es usted, saber que inspiraba en el fútbol y ahora inspira como escritor.

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  4. Muchas gracias, hermano. La meta es seguir y conseguir las metas cuesten lo que cuesten.

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  5. me fascina la manera que relata un hecho de tu vida y trasmites todas las emociones que viviste , excelente

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    1. Muchas gracias por leer. Espero sigas dándote una pasada por el resto de escritos del blog.

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  6. Da mi herma esta historia me hizo llorar conociéndote ahora se lo feliz que te sentías aunque pa ese entonces no te conocía

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    1. Gracias, hermano. Para ese entonces no nos conocíamos, pero debes entender lo que significó para mí haber entrado a la U de C.

      Te quiero mucho, Jowel.

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  7. Profe me hizo llorara, es muy conmovedora su historia ❤️

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  8. Eres un gran ejemplo de superación y creo que todos los que te conocemos damos fe de eso. Casi me haces llorar.

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  9. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  10. "pero también me había gastado el pasaje de vuelta a casa, llamando" JAJAJAJ lloré y reí al mismo tiempo, gran historia profe...

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  11. Que hermosa historia que nos mueve los sentimientos a todos los que vivimos situaciones semejantes; es maravilloso como la educación ha transformado nuestras vidas. Maravillosa profesión Química Farmacéutica, infinitamente gracias. Mary Osorio.

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  12. Erda papa qué emoción...
    Hoy 20 años después de graduarme la emoción sigue intacta, las mismas lágrimas,la misma felicidad...
    Yo , con mucho orgullo vengo de un pueblo y soy hijo de campesinos y de verdad todo lo que está carrera me ha dado,no lo cambio por nada...
    Un saludo de un Orgulloso Químico Farmacéutico Udeceista!👋👋👋

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  13. Que espectáculo de lectura profe, tuve el privilegio de se su alumna, y se que muchos vieron el profe jocoso, buena vibra y casi medio loco, que se que es! Pero para mí siempre será el profe que hablaba con verdad y sabrosura de la vida que vivió y de la cual se siente orgulloso, de la mente brillante y maravillosa que la vida le supo obsequiar y que sabe disfrutar, no existe dusa que fue el mejor profesor que pude tener.

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