A un trago





Estoy a un trago...


A un trago, de volver a ser feliz;
de encontrarme con la versión más empática y bonita, que puedo tener.

A un trago, de volver a caer en la agonía;
de encontrarme con el tipo que no le encuentra sentido a esta vertiginosa vida.

A un trago, de volver a ser ese gran amigo;
ser esa versión que brinda un consejo, y dicta una verborragia de positivismo.

A un trago, de volver a ser ese gran soñador;
esa versión que ve el futuro tan perfecto que abruma, ¡Joia!

A un trago, de ser el tipo realista;
ese sujeto que extraña las ausencias, por los sinsabores de un pasado que nunca volverá.

A un trago, de ser “El profesional”;
ese que presume de los logros y las metas cumplidas, pero que a verdaderamente nadie le interesa.

A un trago, de volver a ser insoportable;
ese que no le agrada a nadie, ni si quiera a mí mismo.

A un trago, de esa versión insensible;
esa que no le importa el pensar o sentir del otro, y que dice la verdad sin maquillaje.

Estoy solo a un trago, de no saber cómo ni en qué terminará esta noche. Solo observo este vaso de licor, que me ha motivado a escribirle. Aunque no será el único que tome, es el primero, y es el más valioso, pues abre un sinfín de posibilidades.

 

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