Encuentro bajo la luna

 


Sentarse en la orilla de la playa, escucharte reír; escucharme ser feliz.

Este sonido de las olas y la brisa, son la única interrupción aceptada, solo por ese efecto de serenidad y plenitud que impregnan a este momento.

Miro a tus ojos fijamente y noto que estás llorando. Lloras porque desde hace más de unos largos años nos habíamos resumido a un “ojalá”. Siento que tus lagrimas no son más que gotas de bondad que salen desde adentro de ti.

Me cuentas tantas noches en vela; tantas canciones cantadas a la nada; tantas historias que contar…

Te interrumpo, para decirte que siempre has estado aquí, que nunca te fuiste; que solo tuviste un encuentro con la soledad más allá en la eternidad y que sé: estás rotundamente aburrida. 

Me sigues contando de barcos a la deriva; de tormentas que nadie pudo soportar; de cantos de ballenas que no llamaron la atención de nadie, solamente la tuya, porque siempre estuviste a sus compases por todos los océanos cruzados.

Me dices que pronto tendrás que irte; que nuevamente volverás al lugar más tranquilo y sereno del universo; que ya no sabrás cuándo otra luna nueva te guiará a esta playa, donde decidimos tener nuestro encuentro, antes de que cualquier fatalidad apareciera, y bueno…

Aquí estamos cumpliendo la cita a nuestro vinculo, a lo que quisimos ser, a lo que somos y lo que algún día seremos:

tú, en el fondo del mar, y yo, en esta incertidumbre que posee la tierra.


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