8 de diciembre




Es un acto de valentía tratar de escribir sobre esta fecha, cuando ya somos tan viejos para ser jóvenes; cuando algunos recuerdos ya no están; cuando no podemos tener a la mano la sensación de esta fecha cuando fuimos niños, y cuando hay personas que no nos acompañan para este 8 de diciembre. 

Este escrito huele a chocolate con pan a las 4 de la mañana; a esperma de vela; a fosforo; a chispitas mariposas; a humedad; a hierba; a infancia pura. Estas letras saben a vida, a gloria de un pasado perfecto, que, aunque muchas veces no lo era, para este día, no cabía otra cosa que la felicidad del compartir con amigos, familiares, e incluso, amores. 

La noche del 7 de diciembre se hacía extensa. Algunos queríamos dormir temprano para levantarnos temprano. Otros, se quedaban haciendo cualquier cosa durante toda la noche para esperar la hora de que, con alegría, abrir el paquete de velas, colocarlas devocionalmente en la terraza y luego encenderlas para encomendar o pedir alguna cosa a quien no sabíamos, solo que era “el día de las velitas”. Sentarnos en la terraza, mirar en todas las direcciones y encontrarse con muchas velas encendidas en todas las casas, era una sensación maravillosa, ¿te acuerdas de cómo te sentías? 

Vivimos en el bucle de la canción “Las Cuatro Fiestas” en la voz de Nury Borras, durante toda la madrugada. Yo, por lo menos, me imaginaba a los pescadores que venían en canoas, pero que lo hacían con una premura que le permitiese llegar a tiempo a casa para encender las velitas con sus hijos; me pregunto si alguno habrá logrado llegar a darle ese toque de felicidad a sus niños. La canción inmortal, esa que, aunque queramos, no podremos desprender de los recuerdos del 8 de diciembre. ¿Has intentado recordar esta fecha sin que se te pase por la cabeza esa voz con la estrofa: 

Qué linda la fiesta es 
en un 8 de diciembre 

Qué linda la fiesta es 
en un 8 de diciembre… 

No la voy a colocar completa porque sé que la estás terminando mentalmente, y no gastaré tantas letras por algo que tú y yo sabemos. Tampoco me voy a extender con historias de esta fecha, porque me gastaría media década intentando resumirlas todas en unas letras.

Ya casi es 8 de diciembre de 2020, el año más atípico que hemos podido vivir en estos últimos tiempos, pero que ni este, podrá quitarnos los bonitos recuerdos de un día de las velitas del pasado. Algunos tendrán la obligación de impregnar en sus hijos, sobrinos, hermanos, vecinos, conocidos de turno, una de las tradiciones más emblemáticas de la infancia. 

No olvides comprar el chocolate, los panes, las chispitas, las velas, y no te descuides que el “diablito encuero” no faltará en esta madrugada y personalmente yo, no quiero recordar una quemada de ese artefacto; tampoco dejes que ellos lo recuerden en el futuro. 

Feliz día de las velitas, desde la adultez, a mi yo de la infancia… 

Bueno, al tuyo también me le das felicidades.

Comentarios

  1. 💞💞💞 que lindo es recordar los buenos momentos!

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    1. Completamente. De eso se alimenta nuestra vida: de los buenos momentos.

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  2. Hermoso!, No lo había leído.
    Escribes espectacular me encanta leerte LoveU pedazo de pelao.

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  3. Relatos propios de quienes tuvieron las suerte de nacer y crecer entre calles de barrios, recuerdos y anécdotas envidiables de magia pura

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  4. Interesante escrito reflexivo , nos recuerda el preciado tesoro de las vivencias y recuerdos y la necesidad de preservarlos muchas gracias por compartir ! ay Obed David Suarez

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