
De verdad no tengo el año exacto de ese día que la vi. Yo, estaba en sexto, séptimo u octavo grado en el Colegio Comfamiliar, y ella, en undécimo. No tengo certeza de que, si esto que te voy a contar, ocurrió o no, o sucedió de forma diferente, pero no hay algún momento en mi vida que por accidente, al sonar esa canción, yo no me acuerde de ella; de ese momento.
Siempre estuve deambulando por los pasillos y salones del colegio sin tener como foco alguna cosa en específico, pero me llamó la atención, por ese año, una muchacha de piel un tanto clara, delgada, bueno no tanto, cabello negro y con un poco de tono rojo en las puntas. No logro recordar a cabalidad detalles faciales, ni el color de sus ojos. Nada. Solo una cara algo fileña y una sonrisa hermosa. Estos son las debacles del cumplir años tan a menudo, hacerse un tanto viejo, consumir alcohol y no dormir de largo.
Recuerdo…
fue un miércoles, en horas del recreo, cuando por algún motivo no me fui para el fondo de la cancha de fútbol, como siempre solía hacer, sino que me mantuve por los lados de la rectoría, que justo estaba en frente de los salones de undécimo, esos a los que un día llegué para convertirme en egresado del glorioso Comfamiliar. Ese día, no quería andar con el desorden al que estaba acostumbrado con los amigos del salón, sino que me senté, solo, en un pequeño “murito” de las jardineras, y me quedé mirando lejos, cuando veo que, en el árbol que está afuera de los de once, hay una pequeña aglomeración y yo, como buen curioso, me acerco y la veo, a ella, en compañía de los que eran al parecer de su promoción. En verdad yo no sabía qué sucedía, pero al ver que no pasaba nada interesante, me volví a sentar en el mismo lugar.
Pasaron algunos minutos, la gente se fue dispersando y quedaron solamente los de su salón, supongo. De repente, ella, toma una guitarra acústica marrón, y comienza a entonar una canción que para mí era algo desconocida, pero que en ese instante se convirtió en la impregnación de ese momento en mi ser, en mi vida, para siempre. Su expresión de felicidad era inmensa, natural, espontanea; única. Su cuerpo estaba en plenitud; sus gestos se acoplaban a todo lo que había alrededor para hacer una puesta en escena perfecta mientras tocaba y cantaba:
La verdad es que eres la consentida
Y no te cambio por lo más bello
Y es que estoy que me pongo un letrero
Que diga: "encontré lo que quería"
Y es que estoy que me pongo un letrero
Que diga: "encontré lo que quería"
No puedo olvidar como me sentí en ese momento y fue por dos cosas: una, nunca la vi de esa forma, pues solo de pasadas durante el recreo y dos, porque no sabía que cantaba y tocaba la guitarra, cosa que para mí, siempre ha sido de admirar en una mujer. La piel se me erizaba, no paraba de quitarle los ojos de encima y solo veía como se expresaba mediante esa canción. Su uniforme de suéter blanco, falda marrón, medías blancas y zapatos del mismo color de la falda, no eran solo atuendos; eran el complemento físico de este recuerdo. Sigue entonando la parte que dice:
No pienses mal de mí porque algo te dijeron
Tampoco pienses que sigo siendo el de antes
Aquella novia, para mí es un mal recuerdo
Que, si pudiera, nunca volvería a acordarme
Su expresión se agudizó y la canción se hizo mucho más hermosa y se sintió como si se la estuviera dedicando a alguno de los que allí estaban a su lado. Yo sentía celos de no haber sido la razón por la que ella cantaba así, pero por suerte, tampoco lo quería, porque de verdad yo no hubiera sabido qué hacer en ese lapso de eternidad si ella me dedicara esa canción. Pero créeme, que al momento de escribir esto, aún vivo ese momento; aun la siento.
Muchos años han pasado y ese recuerdo no se ha podido borrar. Tanto así, que escribo esto hoy, solo porque en mi Winamp suena la canción “La consentida” de Fabián Corrales, mientras me tomo varios tragos sin razón alguna.
No sé de ella. No sé ni donde andará. Pero por si algún error implícito de la vida, o por alguna casualidad o causalidad, llegas a leer esto, no sé tu nombre; no sé nada de ti; solo recuerdo lo poco que pude describir en este pequeño texto. Ojalá algún día, mis amigos del “Comfa”, o alguno que pueda reconocerte a través del tiempo, te muestren este escrito y sepas que, por tantos años, mientras exista, por cada vez que escuche esa canción, estarás en el recuerdo de este sujeto.
De verdad se me eriza la vida solo con pensarla y no sé si al momento de publicar esto, esté ebrio, avergonzado de no haber cumplido muchos de mis sueños o de estar esperando cada final de mes para cobrar un salario de cual viviré de gota a gota, y esto que sí sería fatal.
Ojalá la vida te esté premiando siendo feliz, consentida.
Waoooo!!! Genial amiguito...
ResponderBorrarMuchas gracias mujer. Agradezco el tiempo para leer el pequeño texto
BorrarWaooo me.encanto ya la recuerdo a ella pero no de su nombre
ResponderBorrarOjalá puedas ayudarme a encontrarla. Necesito darle un saludo. Gracias por el tiempo
BorrarSuper espectacular amigo 🥰🥰👏
ResponderBorrarMuchas gracias 🙌🏽🥰
BorrarUn fuerte abrazo
��
ResponderBorrarCholu eres el mejor 🫡
ResponderBorrarTamos juntos.
BorrarUff ✍🏾❤️
ResponderBorrarLindo
ResponderBorrar<3
ResponderBorrarLas historias que me gustan!🫡
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ResponderBorrarBuen escrito para un amor tardío, un amor atrapado en la cápsula del tiempo. De los cuales solo se tienen luces de recuerdos vagos.
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