Capítulo II Cuando aprendí más de bondad y de lógica que de Química Farmacéutica de "Mi vida siendo Químico Farmacéutico"

Después de haber superado todo el ajetreo del proceso de matrícula en la Universidad de Cartagena, comencé un asunto de emprender el camino a obtener el título de Químico Farmacéutico o a cumplir la meta propuesta antes de entrar a dicha carrera. Esto último es motivo de otro capítulo. Tantas asignaturas y tantas cosas por hacer, que el final todo se veía lejano; casi imposible.
Nunca fui bueno para las matemáticas en el colegio. Desde la primaria tuve problemas para con los números y al llegar al bachillerato la situación se volvió más complicada: no ganaba los exámenes; no hacía los talleres; no entendía los ejercicios y tenía un libro por puro pantallar, porque lo usaba un amigo que sí sabía del área para hacer los ejercicios y me los pasaba. Siempre la perdí desde sexto hasta undécimo grado en todos los periodos. En mi primer semestre de la universidad y en todo el resto de la carrera, toda materia que tuviese números y fórmulas, se convertiría en una batalla personal para aprobarla y seguir adelante.
De las cosas que motivaron a presentarme en algo que tuviese Química en la universidad como eje, fue el profesor Orlando Berrio Polo. Él, era el profesor de Química en el Colegio Comfamiliar y en su asignatura siempre tenía buenas notas; se me hacía fácil entenderla y hacer los ejercicios. Vale resaltar, que nunca tuve una calificación de “Excelente” en la materia, aun cuando yo sabía todo lo necesario y un poco más allá para sus clases. Me decía que, si no fuese por mi indisciplina y la seriedad que aparentemente no tenía para con la asignatura, me daría la nota máxima. Siempre hizo ese ejercicio, con el fin de que mejorara con esos dos factores mencionados anteriormente. Finalizando el grado undécimo, al ver que en lo único que había sido realmente bueno era en biología y química, decidí buscar por esos lados, algo para estudiar.
Primer semestre fue todo ajetreo; adaptación; alegría de tener el privilegio de estar en la Universidad de Cartagena; haber escapado de cierto modo de mi entorno, del barrio cruel, despiadado, pobre, falto de educación, falto de oportunidades y de una juventud que fácilmente se podía entregar a la delincuencia. En este semestre inicial, estaban las asignaturas de: Química General I, Matemáticas I, Biología, Física, Introducción a la Farmacia, algún curso libre y no recuerdo cuáles otras. Nunca faltaba a las clases de Química General I con el profesor Benicio Sánchez Cabarcas, porque si no asistías a una, la próxima ibas a estar en el limbo. Me dedicaba a no escribir porque se suponía que en el colegio era un crack en eso, ¿qué nuevo me podía enseñar el “Beni”? En matemáticas, era una ruleta el ir o no ir a clases, así como podía quedarme toda la clase escuchando al profe Ruperto Segundo Ealo Flórez, había otro día en que no quería aparecer por esos lares. Las clases de biología se iban río abajo; las de física con el profe Gonzalo Urbina, aun cuando no entendía nada, siempre asistí e intentaba participar; aunque errado. Las clases de la materia Introducción a la Farmacia, con la profe Yaneth García Milano, eran de lo más chéveres, pues representaban a la asignatura que “nadie perdía", pero que al final de todo, también tenía la gente que estar con alto compromiso, porque representaba los “pininos” para el quehacer del químico farmacéutico, aunque la llamaran “materia de relleno”.
Diariamente, mi mamá me daba el dinero de los buses para ir de la casa a la universidad, yo, para ahorrar, me iba caminando desde el mercado hasta La María y viceversa. Muchas veces por comprar alguna que otra empanada a la salida de la facultad, tocaba irme a pies desde el barrio Zaragocilla hasta mi casa; un trayecto como de cuarenta minutos a buen paso, pero con la barriga llena, en teoría, que sopesaba el largo andar. Aprendí del sacrificio de algunas cosas por otras. Usaba el fútbol como terapia personal en los cambios de clases: al medio día y después de cualquier inconveniente en alguna clase que quedaba aplazada o postergada. Conocí muchos estudiantes de medicina, enfermería y odontología. Los partidos eran apostados a plata y en ese ejercicio, también se forjaron grandes amistades y algunos enemigos bajo ese mecanismo del ganar y perder.
Tantos malabares y saltos para poder ganar el primer cohorte y bueno, nada, perdí el primer parcial de Matemáticas en 1.0, que era la nota mínima que dejaba colocar el profesor; Química General I en 1.5 y biología 2.9, si no estoy mal. El resto de asignaturas, estaban en el 3.0 raspado. El segundo cohorte fue peor aún: química me quedó en dos puntos y algo; matemáticas fue la misma dosis del primer cohorte, y, biología, pegando el casi tres. EL quiz de gases del profe Benicio me quedó en 0.80 y los talleres de física también perdidos; en fin, desastre. Con la asignatura de la profe Yaneth, hubo ciertas actividades y ambos cohortes me quedaron con los pelos en el alambre (pasando raspado), pero con la satisfacción de ser un estudiante participativo en esas clases. Además, la profe, siempre tuvo la convicción de que su materia era igual de importante que las demás, aunque muchos de mis compañeros de clases, e incluso yo, pensábamos que no; que solo era una materia de relleno. Yo seguía jugando futbol, jodiendo, pasando de largo algunas obligaciones y no estudiando, o no, estudiando a mi manera, con muchos resultados catastróficos, pero, aun así, convencido de que podía lograr pasar todo y seguir en el camino pactado para conmigo mismo.
Lunes a viernes se repetía todo: ir a clases; jugar fútbol; irme caminando; usar el computador que recién me había comprado mi mamá para jugar, chatear, programar, en fin, de todo, y bueno, leer para hacer las tareas. Los sábados y domingos me iba a trabajar con mi abuela en las mañanas para no gastar el tiempo en pendejadas y tener algún peso para no estar fastidiando tanto a mi mamá, pero con la suerte de que tres mil que me ganaba, tres mil que me gastaba. Apenas venía me iba para la calle a reunirme con los amigos del barrio y a fastidiar por ahí. Siempre tuve presente que había muchas tentaciones en mi entorno y de cierta forma viví mi infancia y juventud al límite de cruzar la línea de fuego; en tomar malos caminos y convertirme en un delincuente o dejar de estudiar. En otra ocasión te contaré un poco sobre mi infancia y adolescencia y cómo no caí de cierta forma en vicios ni en abandono del colegio y la universidad.
Llegó el tercer cohorte y con él, hazañas por cumplir para poder pasar el primer semestre. En mi mente estaba que debía solo perder dos materias para poder habilitar; con tres se perdía todo. Perdí casi todos los parciales de ese último cohorte. Logré pasar biología por una serie de actividades; física, el profesor me dijo que no gané ningún parcial, pero que yo participaba, no faltaba a clases y me pasó; el curso libre lo gané, pero lo saqué más bajo que todos mis compañeros porque yo nunca estuve de acuerdo con las premisas de la profesora y bueno, no hacía algunas actividades; matemáticas en la olla, pues el ejercicio que me pasaron, literal, estaba resuelto, pero como yo no entendía ni sabía por dónde iba tabla, intenté despejar una raíz cuadrada de un numero imaginario… y para los que saben de eso, según no se podía o la respuesta era hasta ahí, por consecuencia: el ejercicio salió malo. En la revisión con el profe Ruperto, al ver que a todos les había salido el ejercicio bien le pregunté: profe, el ejercicio está bien y este responde “El ejercicio estaba bueno de aquí a aquí, mientras señalaba la hoja, de aquí a acá es sapería. El ejercicio está malo por sapo”, nada qué hacer de mi parte. Química general I en el abismo y con ella, la frustración del haber perdido tan duramente la asignatura que supuestamente era un crack y me había hecho escoger la profesión. En Introducción a la Farmacia, recuerdo, había una actividad: no la hice; el examen lo perdí y estaba en veremos si lograría pasar. Hasta por ese momento, estaba con la chance de habilitar las dos perdidas. Porque de alguna u otra forma, la profe Yaneth no me dejaría porque yo era uno de los más participativos y atentos a la clase y ella me ayudaría con alguna centésima, pensé.
Había hecho planes para estudiar las habilitaciones. Había hablado con amigos buenos en cada área, pero que de una u otra forma también perdieron y otros de apoyo, que sí habían pasado. Me puse a sacar cuenta de cuánto costaban las dos habilitaciones y procedí a acompañar a mi abuela en el trabajo para "rebuscarme" lo que tocaba pagar. En el mercado todos los días mi tío, que era el compañero de trabajo de mi abuela, me daba tres mil pesos; mil para los transportes y dos mil de ganancia. Ahí, de a poco, fui ahorrando algo y solo quedaba estudiar. Los exámenes de recuperación estaban para la semana siguiente y ya de una u otra forma estaba buscando los ejercicios de Química que probablemente saldrían para posterior estudio. En matemáticas, había decidido esperar a que alguno de mis compañeros en pleno examen me ayudara con alguna que otra cosa y así obtener el número mágico y pasar.
Durante la semana no estudié ni poco. Seguía yendo al mercado de Bazurto. Un día que otro iba a la facultad, pero no hacía más que colocarme a jugar fútbol a plata en la cancha del campus. Algunos de mis compañeros ya estaban “claros” como siempre decíamos cuando entendíamos algún tema. Otros, ya daban por perdida la pelea y que definitivamente el próximo año, sí haríamos lo correspondiente para pasar limpiamente. Si no estoy mal, fue un jueves, antes de las habilitaciones que eran un martes, que ya no iría más a la facultad, pues estudiaría el todo el fin de semana en casa, cuando estaba en el mercado con mi abuela y mi mamá me llama al teléfono de un conocido y me dice:
Luis Alfredo, aquí a la casa llamó una profesora de la universidad que te comuniques con ella en cuanto llegues.
Yo, de una vez me preocupé y me pregunté, ¿qué habrá pasado?, ¿qué profesora me estará llamando si yo no le di el número del teléfono fijo de mi casa a nadie ?... entre muchas otras preguntas. Terminé lo que estaba haciendo y de una me fui a la casa. Cuando llego me dice mi hermana:
Te llamó la profesora Yaneth García, que le llames urgente a este número.
De una, procedo a marcarle y escucho el tono par de veces y después el
“Aló, buenas” …
- Aló, buenas - Contesta la profe
- Hola, profe. Soy Utria. ¿Cómo está?, ¿para qué me llamaba?
- Hola, mijo, estoy bien. Aquí un poco preocupada - Recuerdo que su tono al decir estas palabras me preocupó mucho más
- ¿Por qué profe?
- Es que perdiste el último parcial y las notas de las actividades no te alcanzaron para pasar la asignatura y la profe Lucía Álvarez (Jefe del departamento de aquel entonces), me está pidiendo las notas y en verdad no sé qué hacer
Yo interrogué de muchas cosas que, según mis cálculos, me estaban privando de la oportunidad de habilitar las dos materias “importantes” pues con Introducción a la Farmacia perdida, perdía el semestre y, por lo tanto, ninguna podía ser habilitada. Después de unos minutos al teléfono, la profe me dice:
- Mijo, hagamos algo, yo sé que tú estás trabajando para pagar las habilitaciones, pero te hago caer en la realidad, si pierdes mi asignatura no podrás tener la posibilidad de las otras - Esto me lo repetía muchas veces, pues yo estaba reacio a entender que estaba perdiendo una materia que tenía ganada en los papeles
En tantos minutos me dice…
- Bueno, haz un trabajo sobre medicina alternativa y me lo traes a la facultad mañana en la mañana. Me lo sustentas y así te coloco la nota para que puedas entonces, habilitar las otras dos.
Yo seguí de caradura que no iba a hacer el trabajo pues no tenía plata para cubrir todos los gastos extras que este generaba, porque lo que tenía ahorrado, era para pagar las dos habilitaciones. Ella me dijo que era la única forma de ayudarme y que lo hacía porque entendía mi situación y de cierta forma no merecía perder. Al rato de dialogo, le agradecí el gesto y prometí al día siguiente presentarme con el trabajo realizado.
El viernes, llegué tipo nueve de la mañana, me reuní con la profesora y comencé a hablarle del trabajo, sobre la importancia de la medicina alternativa, su origen y un montón de cosas que, en el fondo, yo no tenía idea que existía y que era conocimiento nuevo para mí, pero que no lo veía de ese modo, sino como aquel requisito que debía cumplir para no repetir el semestre completo. Otros compañeros también supieron de la bondad, el profesionalismo, la empatía y las ganas de ayudar, de una mujer que se había constituido en alguien más que una profesora: se había convertido en el motivo para conocer y emprender el verdadero camino universitario, donde los imprevistos se servirían a la carta en más de una ocasión. Después de par de horas en el proceso, la profesora dio la nota y pasó la planilla a la profe Lucy, a eso del mediodía. Esta última, había enfatizado a la profesora varias veces que, hasta las doce meridianas, aceptaba sus calificaciones.
Ese viernes, después de esa hora, la profesora me aconsejó sobre algunos puntos y comportamientos que de una u otra forma no me permitían hacer mejor las cosas. Que ella con su experiencia sabía lo que debía dar en esa asignatura, aunque yo viera que eran cosas inútiles y sin sentido. Me quedé con ella un largo rato hablando y comentándole de mis planes para con las dos habilitaciones y fue ahí donde ella me dijo que:
Mijo, no puedes pensar en lo futuro si el presente no está resuelto. Mira que, si perdías conmigo, tus exámenes del martes ya no se darían.
En ese justo momento, caí en cuenta de todo lo que no quería ver y asimilar.
El sábado y domingo me quedé en casa medio estudiando y después me fui para la calle.
Para no alargar este capítulo, te cuento que perdí las dos habilitaciones: química, porque el día de la habilitación, una hora antes de entrar al salón, estábamos jugando fútbol en la cancha de micro y el profe Benicio iba pasando y no sé si por venganza o que, nos puso un examen algo duro y lo perdí; le pedí que me ayudara y dijo que no, pero todo lo que pasó con el profe, será motivo de otro texto. Y la otra, matemáticas, estuvo todo fatal; nadie sabía los ejercicios; nos habían separado tanto el uno del otro que nos fue imposible recibir o pasar algún ejercicio.
Después de haber recibido las notas de la pérdida, nos quedamos en la entrada de la facultad maldiciendo y renegando sobre que los profesores no nos quisieron ayudar pasándonos, y demás…
Me fui a la casa. Le dije a mi mamá que había perdido matemáticas y bueno, era crónica de una muerte anunciada y para ella no fue tanta sorpresa.
En aquel viernes, de hace muchos años, aprendí mucho más de la bondad y la lógica que de Química Farmacéutica por parte de la profe Yaneth, que, si alcanza a leer esto, le agradezco todo lo vivido en ese primer semestre y que me hizo de alguna manera, un tipo más realista o analista de las situaciones que se presentarían en toda la carrera.
Y si no lo lee, hazme el favor, tú que lo leíste, ¿se lo mostrarías por mí?
Gracias
Luis Alfredo
Mi hermano tu eres ejemplo.de superacion personal y colectiva.
ResponderBorrarAtt shorts style
Gracias hermano. Que la vida nos premie por insistir en querer seguir.
BorrarInefable...
ResponderBorrarMuchas gracias.
BorrarBien hermosa esta enseñanza que nos deja este compañero,me hizo llorar muchas gracias profesor
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