Prisionero

Nunca fui preso ni de mí mismo,

ahora de la realidad.
Nunca fui preso de un beso,
de un abrazo,
de unos ojos,
de un "No te vayas nunca",
ahora, de un "No salgas para protegerte y proteger a los tuyos.·

Siempre amé la libertad,
vivir sin que nadie me dijera qué hacer, aparte de mi madre.
Siempre esperé a que alguien abriera la puerta y la reja de mi casa para salir,
para huir,
para sentir el tormento social de la calle,
el saludo de mis amigos,
el regaño del vecino que no quería bulla en su puerta,
del vendedor ambulante que con sus gritos ofrecía su producto.

Hoy, nadie me prohíbe salir,
vivir,
tener esas mismas sensaciones del antes,
del ayer,
del siempre,
del recuerdo intacto de las cosas que me hicieron feliz, creyendo que era libre.

Soy preso de mí mismo,
de mis miedos
de mis sueños,
de mis expectativas creadas,
de una realidad que me es difícil de entender,
pero aun así, tengo fe, de que, algún día no lejano,
pueda volver a experimentar la libertad física,
porque de mi mente: siempre he sido un prisionero.

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