No puedo evitar imaginarte cansada, disparando palabras al aire, de lo difícil que ha sido tu día.
No logro respirar tan lento y tranquilo cuando te diviso a lo lejos caminar y acercarte.
Tampoco, me puedo contener al pensar en ese abrazo que marca el inicio del fin o el final de lo que no fue.
Tirar las cosas; zapatos; bolso; jean; camiseta; reloj; anillo. Recostarte a la silla. Buscar en el fondo de la casa, con la mirada, una explicación a lo qué es la vida.
Me miras. Sonríes. Me preguntas qué tal me va
Vuelves a sonreír.
Yo, miro hacia la calle. La noche sigue en pleno. Vuelvo la mirada a ti, una vez más, y, tú,
Yo, miro hacia la calle. La noche sigue en pleno. Vuelvo la mirada a ti, una vez más, y, tú,
me miras como si yo fuese lo más maravilloso del universo.
Se escapa la sonrisa más hermosa que jamás haya visto, por enésima vez.
Yo, sigo aquí, en esta vieja computadora escuchando las canciones que algún día te dediqué, pero que no te canté al oído. Este día ha durado mucho menos que la noche de ayer. Ojalá, que esta vida siga así, porque si todo este escrito se hace realidad, con tu llegada, en una noche de estas, podré disfrutarte un poco más de lo pactado...
Yo, sigo aquí, en esta vieja computadora escuchando las canciones que algún día te dediqué, pero que no te canté al oído. Este día ha durado mucho menos que la noche de ayer. Ojalá, que esta vida siga así, porque si todo este escrito se hace realidad, con tu llegada, en una noche de estas, podré disfrutarte un poco más de lo pactado...
por una noche
a ti
Aidana
Comentarios
Publicar un comentario