Los sábados de unos años atrás, traían consigo, siempre ese ejercicio de pensar en tomar, salir a una disco, conocer alguna nueva mujer y al día siguiente despertar siendo desconocidos; era la tarea de Dony Deseado y la mía. Siempre estuvimos buscando la autocomplacencia, descubriendo carnes en muchos diferentes huesos de una mujer. Dirás que es un asunto de vacíos; yo diré que de metas y objetivos personales; de seguir de alguna forma el legado del viejo Chinaski.
Un sábado de esos, muy temprano, sentados en la casa de Dony, tomábamos algo de gaseosa y gastábamos el tiempo sin nada relativamente importante qué hacer, solo hablando de cualquier cosa o solo viendo a lo lejos de la calle. El clima estaba perfecto para comenzar a beber cervezas, pero realmente era aun de mañana y solo planeábamos el resto del día, cuando de repente Dony me dice:
- ¡Ey!, vamos a comprar frías y vamos calentando para más tarde coger pista, ¿habla?
- ¡Nojoda! ¿No es muy temprano? – pregunté
- ¿Cuándo ha sido temprano para beber? – respondió
En ese momento, nuestros pensamientos cambiaron y decidimos comprar par de cervezas y con ellas, comenzar a contactar a el alma femenina que acompañaría a cada quien en esa noche. Fue Madame Lily, quien robaría toda mi atención y emocionalidad en aquel día. Ella, una mujer centrada en la vida y con metas claras, tanto así, que un tipo como yo, estaba dentro de sus placeres temporales y que no le quitarían algo más que suspiros y besos, con algo de sexo. Revisé el chat de WhatsApp y miré la última conversación que habíamos tenido para ver la posibilidad de invitarla a hacerme compañía y charlar sobre las utopías de la vida con algunos tragos. Después de intercambiar mensajes, dijo que iría a mi encuentro y que, además, llevaría a una amiga para Dony; el plan perfecto de cuatro; ya te puedes imaginar lo que pasaría.
Pasaron algo más de dos horas para que ellas llegaran, mientras nosotros salimos a un supermercado cercano a comprar una botella de Whisky y muchas cervezas, además de algunos mecatos y cosas para pasar los tragos. Cuando estuvieron cerca a nuestra ubicación, llamaron al teléfono y nosotros bajamos la calle para recogerlas. Nuestra conversación antes su llegada, se había basado en lo que sería terminar de la manera como imaginábamos: ambos teniendo sexo con ellas, en pareja o en una orgia. Estando en la esquina, el taxi paró justo en frente de nosotros. Ellas descendieron. Pregunté cuanto había sido el costo de la carrera y no pagué algo más de diez mil pesos, y siguió el protocolo que antecede lo social, besos, abrazos y preguntas rutinarias, además de la cortesía de Lily de presentarnos a su amiga Madame Leyla. El plan había tenido comienzo tal cual a lo esperado y proseguimos a subir la calle que nos llevaría a la casa de Dony. Puedo recordar que ambas mujeres estaban hermosas; nada era superior a ellas en el paisaje, ni la tarde soleada con cielo despejado que nos arropaba.
Nos sentamos en la terraza de la casa en sillas tipo mecedoras de madera fina y nosotros dejando la formalidad a un lado, nos sentamos en sillas de plástico. Prendimos un equipo de sonido con volumen medio y las cervezas ya en la nevera, aguardaban el momento exacto de ser destapadas para que ocurriera el brindis por el momento y el futuro próximo de esa tarde. Dony, se levantó y trajo la botella de Whisky. Nos sirvió un trago a cada uno en un vaso algo rustico y comenzaría lo que era ambientar el momento. El alcohol siempre ha sido un desencadenante de momentos y situaciones interesantes, porque quita la inhibición de la cordura y esta vez no sería la excepción; ambas mujeres procedieron a tomar sin titubear y sin hacer alguna crítica al sabor del trago. Pasaron varios momentos repetitivos con el tomar alcohol, cuando Dony fue a traer las cervezas que estaban en el punto exacto de dar un masaje a nuestras gargantas. La música se fue colocando de acuerdo al gusto de cada quien y tornando el rato ameno.
Lily, es de las mujeres más inteligentes que he conocido en mi vida. Diría que es superior a casi todas las que han pasado por mis tratos. Ella, comprende que su racionalidad está por encima de sus gustos y su emocionalidad; sabe cuando parar algo que la llevará a la ruina, eso creo. Su sonrisa es maravillosa; perfecta; atractiva. Sus ojos son color café y hasta este escrito, creo que sabrá que son mi debilidad; todo lo que yo querría en mi vida, pero nos encontramos tarde como para quedarnos juntos en un por siempre y para siempre. Leyla, una mujer de trazos hermosos, cabello largo negro, y un cuerpo exóticamente corpulento. Voz aguda; expresiones algo sensuales al hablar; era un asunto de atracción bastante marcante en el momento. Ambas eran mujeres muy hermosas.
La tarde transcurría bajo tragos, cervezas, risas, charlas, cuando Lily, dice que quería escuchar una canción y a la vez bailarla conmigo. Yo, accedí. No tenía elección. Esa tarde tenía que complacerla en todo lo que se antojara; convertirme en su vasallo de la complacencia. Entramos a la sala a bailar y ya con tragos encima, la música se escuchaba mucho mejor, los cuerpos se sentían mucho más cerca, su respiración en mi oído y su abrazo fuerte y sensual mientras bailábamos, fue todo lo que estuvo perfecto en esa tarde de sábado. De un momento a otro, nos estábamos besando desenfrenadamente y podía sentir como su excitación iba subiendo con cada beso y cada intento de baile, que al final se resumió a quedarnos de frente sumidos en la lujuria.
Dony, estaba en la terraza, intercambiando ideas con Leyla, muy de cerca y viéndola de tal forma que ella sintiese que el momento próximo a sus besos estaba cerca. Ella, sonreía, no sé si de nervios o de coquetería, pero se veía muy motivada a seguir los caminos del placer. Ella, pidió una canción para escuchar y cantar, pero no para bailar. Mientras esta sonaba, ella estuvo eufórica y contenta; el efecto de la desinhibición del alcohol, estaba en su punto cumbre. Tocadas de mano; miradas fijas; muestras de provocación por parte de ella salieron a flote y ahí fue donde el Deseado la besó y comenzó su momento de entrar en el campo de la lujuria y el placer, con posible camino al paraíso de fundirse en un solo cuerpo.
Yo, seguí besando a la chica de mi debilidad tan intensamente que no caí en cuenta que la había llevado al cuarto de Dony, y ya el desenfreno se había apoderado de los dos; ya no había vuelta atrás en el camino del sexo. Nos quitamos la ropa, mientras nos seguíamos besando y acariciando seguidamente; mis manos tocaban sus senos; le agarraba el rostro y la besaba viéndola a esos ojos de los cuales por mientras tenga memoria: no los olvidaré. Todo se dio y pudimos tener sexo bajo aquel gusto que nos unió mucho tiempo atrás. Al rato, nos vestimos. Besos de acompañamiento mientras eso ocurría, y esa conversación que surge dentro de ese pequeño rato que las hormonas dejan hablar a las neuronas y que la boca dice cualquier estupidez, pero que cabe en ese instante. Salimos del cuarto con rumbo a la terraza para darle paso a un par de tragos más y unas cervezas que serían el brindis por el evento inmediatamente pasado.
Dony, se llevó a Leyla para la sala a bailar. Ella, estaba muy animada y el camino estaba dado: par de besos intensos y sexo, tal cual como había pasado conmigo y Lily. Todo estaba de cierta forma andando en ese rumbo: dos canciones más y llevarla al cuarto. Leyla, comenzó a salir a la terraza como qué pidiendo esa aprobación visual de los dos, para poder acceder al encuentro sexual. Lily, le dio la aprobación con la cabeza. Yo, le hice seña con la mano diciendo algo como qué “hágale sin pena que todo bien”, y ella volvió a entrar. Leyla, había salido decidida a disfrutar del placer, aun cuando tenía limitaciones por eso del no conocer muy bien a Dony. La chica de ojos cafés y yo, seguimos en la conversa que prosigue entre dos amigos normales. Par de cervezas y un trago para cada quien.
Pasó algo de tiempo y Lily, me pidió que la condujera hacia el baño, pues necesitaba orinar. Le indiqué. Regresó a unos pocos minutos y me dice:
- ¡Oye!, Jake, allí está Leyla, en toda la entrada del cuarto de Dony.
- ¿Pero ya viene saliendo? - pregunté
- No. No quiere entrar al cuarto. No quiere hacer nada.
- ¿Ajá y eso? ¿Qué le pasa a ella?
- En verdad ni idea. Ahí está con su cara y Dony está adentro del cuarto ya y ella, está diciéndole que no, que espere, que lo otro…
- Bueno, ve y habla con ella: resuelve la vaina. – dije en tono calmo
Lily, entró y yo me quedé viendo el paisaje, mientras tomaba un sorbo de cerveza y me servía un trago de Whisky en un vaso de electroplata, cuando ojos cafés aparece y me dice:
- Oye, que ella no va a hacer nada.
- ¿Por qué?
- Porque según no le puede ser infiel a su novio.
- ¿Pero ella, tiene novio?
- Sí, igual que yo.
- ¿Y entonces? Ella sabía a lo que venía, ¿no? - cuestioné
- Claro que sí. Ella fue quien me animó a venir.
- Pero, ajá, ¿cuál es el moralismo de ella?
- Marica, no sé. ¡Erda! que problema ella y su novio que pasan más dejados que quien sabe y ahora viene con esa mierda. – me dijo en un tono de molestia
Yo, me asomo y veo a Dony en la puerta, parado como un vigilante, y, ella, unos pasos más alejado de él. Se podía notar la insistencia de Deseado para con Leyla y también los gestos de ella, que denotaban negación. Me acerqué y le hablé en voz de convencimiento y ella…
- No, Jake. No lo puedo hacer, marica. Es que yo ahora mismo estoy medio bien con él y ajá.
- ¿Pero quién se va a enterar? Quien sabe si ahora mismo él, no estará haciendo lo mismo y tú, aquí, privándote del placer por nada. – comenté en voz de aquel diablo azul que posa en el hombro para dar un mal consejo
- Yo, no sé qué estará haciendo ahora, pero, marica, quiero y tengo ganas, pero no puedo hacerlo. – comentó con algo de resignación
Me vine a la terraza. Me senté. Tomé un sorbo de cerveza y le dije a Lily, que no había más nada qué hacer si ella no quería y tampoco se le iba a obligar. De repente, Dony, se sienta en la silla, toma una cerveza, un trago algo grande whisky y no dice una palabra. Ojos cafés, se paró de su silla y entró. Par de minutos, volvió a salir y tomó el pequeño bolso de maquillajes, para volver a entrar y dárselos a la dama moralina.
Luego de un largo rato, ambas salieron muy bien producidas en cuanto a maquillaje, cabellos peinados y ropas muy bien arregladas. Se volvieron a sentar y al cabo de una media hora de tragos y conversa algo rígida por lo acontecido, ellas deciden marcharse. Las acompañamos hasta la misma esquina donde la habíamos recogido. Tomaron un taxi; besos y abrazos de despedida y un “me escribes” de Lily. Dony y yo, subimos hasta su casa nuevamente para seguir con la tomada y archivar este suceso a uno de los más marcados en nuestras andanzas, pues al final de cuentas, el plan se había armado para él, pues yo, ya conocía el sonido del placer de mi alma junto a la de Lily, y la idea era que él, experimentara una nueva mujer en su vida.
Después de caída la tarde, salimos a una discoteca a compensar el fallido intento de sexo de Dony, y a un segundo evento con alguna mujer por parte mía, porque, por algún tiempo, estuve vagando en escuchar tragedias de mujeres y convertirme en su servidor, y me había quedado en ese vicio; en mi propia tragedia.
Aquel sábado tuvo su recompensa con Dony, pero eso es motivo de otro escrito, por ahora, estoy terminando este relato desde la silla 27L del vuelo LA8000 de LATAM, desde São Paulo a Bogotá, con una vista a las nubes y el paisaje…
Nada que hacer. Nada que agregar…
Por ahora.
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