- ¿Qué piensas de las personas que uno le da todo lo bueno y bonito posible y ni así se gana el lugar que merece? - me preguntó Sara.
- En verdad no sé qué responderte. Siempre fui por muchas veces, no dando eso que merecía la otra persona. No soy lo suficiente bueno como para ponerme en ese lugar - Comenté -
- ¿Por qué, quién ha dado las cosas bonitas, quién ha hecho lo bueno siempre termina saliendo a perder? ¿No sienten que a las personas buenas no nos pueden dejar ir? ¿No les duele el alma?
Fue esta última pregunta que me dejó perplejo y con ganas de dejar la conversación en ese punto, pues no recuerdo haber sentido tal dolor o remordimiento al dejar ir a personas buenas, cuando yo de verdad no sabía lo que quería.
- No sé. El camino de la felicidad ofrece muchas rutas, medios de transportes... trayectos fáciles o difíciles... de verdad ni idea. Nadie garantiza que siendo bueno, ganes lo que quieres, y, mucho menos felicidad - le dije
- Entonces, eres una de las personas vacías que conozco. De esas que se agarran de pequeños momentos para intentar llenarse, aunque sea a gotas. Qué triste.
- Sí.
- Mmm... Porque ahí es donde digo, hay que estar muy vacío como para necesitar todo el tiempo de alcohol y cosas temporales - afirmó con voz suave
- De eso sabe Bukowski y mis amigos. En verdad, también he llenado vacíos en una noche con besos, polvos, cervezas, escritos, lecturas... soledades, y amanezco siendo el mismo: un desdichado.
- Entonces… ¿podría decir que el que no sabe para donde va, cualquier bus le sirve? - vuelve la pregunta de años desde sus labios
- Hay veces que las personas no quieren ir a ningún lado. Es sencillo; siempre habrá una persona dispuesta a ser nuestro bus y llevarnos a la felicidad, pero no queremos movernos del lugar en que estamos.
- Entiendo. Pero entonces, ¿debo seguir intentando ser ese bus para esa persona?
- Haz lo que creas conveniente. Unos se cansan de esperar y otros de ser esperados. Así va la vida. Me cuentas que decides algún día. Estaré atento a ver si te sumas a las buenas personas infravaloradas por los tipos como yo.
Fragmento del capítulo "Unas cervezas con Sara" del libro “La vida y sus acasos” de Luis Alfredo Utria A
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