| Art by Gideon Rubin |
Sus labios, hasta aquel instante me habían sido esquivos. Su cuerpo para mí, no había pasado de un par de nalgadas unos momentos atrás. Tenía claro lo que debía hacer, pero no de la forma cómo debía hacerlo. Quería eyacular en ella, pero debía comenzar por acelerarle el pulso y alterar sus hormonas, esto, quitaba todo límite racional que impidiera escucharla gemir y decir tantas cosas obscenas mientras la penetraba.
En medio de palabras, la agarré y la halé. Le coloqué mis labios en sus labios. Ella se dejó llevar y comencé a sentir su respiración entre besos. Mis manos se posaron en su culo y en el cuello, por debajo de su cabello, dándome dominio sobre su placer. Nos seguíamos besando y sus labios se sentían tan suaves como el algodón. Sentía que me apretaba y sus tetas se colocaron en mi pecho. Sus manos también se movieron en sentido de dos lugares fijo: mi verga y mi cabeza; eso me tenía muy excitado. Nos seguíamos besando y una pausa de milisegundos se hizo para mirarnos a los ojos y reiniciar el proceso, pero esta vez mucho más intenso: pase de sus labios al cuello, mis manos ya estaban masajéando sus tetas y sentía como sus pezones se había colocado duros; su respiración había aumentado de frecuencia y podía sentir su corazón latiendo a mil.
Durante el beso, intentaba decirme cosas, pero yo la callaba y seguía usando mis manos para lograr llevarla al clímax y por consecuencia; tenerla en 4, penetrándola, jalándole el cabello y dándole palmadas en sus nalgas para que estas, se coloquen rojas. Dos de mis dedos se situaron dentro de su vagina y suavemente comencé a masajearle su templo del placer. En ese momento, su cuerpo comenzó a moverse al compás de mis dedos y sus labios comenzaron a sentirse mucho más suaves. Pequeños mordiscos; pocas palabras y mi verga a reventar, ella, la agarraba tan fuerte que yo ya había entendido que era de su poder; no mía. Todo a temperatura alta y sentí la humedad de su ser en mis dedos, sus ojos brillaban como estrellas, había llegado el momento perfecto para por fin estar dentro de ella, cuando de repente, suena su celular y presa del descontrol atendió la llamada: era su amiga para decirle “Amiga, espero que no te coman hoy mismo...” y con esta frase lapidaria, se llegó el frío de los polos, un baldado de pasividad y el auto control se tomó el instante. Fueron 10, 20, 30 segundos en los que intenté retomar el curso del momento pero ya para qué, todo había vuelto donde comenzó y con un piquito me dijo “Verdad lo que dijo mi amiga, hoy no. Mañana me haces lo que quieras, pero hoy, hagamos esto un poco más romántico, por favor.”
Después de todo, el olor de su placer impregnado en mis dedos, fue el recuerdo más rico y placentero que tuve por esa noche; fue motivo de un par de pajas. Eyacular por lo que pasaría al día siguiente; fue de las cosas más sublimes de esa época.
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