¡Corre!

¡Corre!, que esta vida va andando. Va un poco de prisa y ya no recuerdas cuando fue que te hiciste grande, adulto, y se te van escapando los sueños que aquella vez siendo niño querías cumplir. 

¡Corre!, para ver si alcanzas ese amor que anhelas y que estás próximo a perder por no ir a su ritmo, a sus ganas, a su intensidad. Hazlo, siempre hay una efímera oportunidad de ser feliz y no será alcanzada si te quedas a esperar que la suerte te acompañe. 

¡Corre!, y deja atrás esas cosas que te hacen daño. Esas, que siguen tras de ti y necesitas abandonar porque le quitan velocidad a tu carrera. La vida no es tan lenta como parece; va al ritmo adecuado, según quien la vive. 

¡Corre!, porque algún día, no podrás, y, entenderás, que has desperdiciado el vigor de la juventud y la posibilidad de que durante esta carrera, nos hayamos roto, rasguñado, ultrajado, machucado el cuerpo, la humanidad, las emociones y hasta los sentimientos, pero que lo intentamos todo a la velocidad que se nos exigió. 

¡Corre,! que este día está acabando y apuesto, te tiraste a la lentitud que induce la decepción y no hiciste eso que tanto necesitabas o debías hacer. 

¡Hazlo!, porque algún día, todo se habrá detenido por una primera última vez, y, también nosotros; ¡corre!, ¡corramos!.

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