Sueños...

Te quiero contar algo – Me dijo 

Adelante, hermano. ¿Qué era? – pregunté sin vacilar 

Bueno, espero no me interrumpas. Solo escúchame. 

Está bien - dije. 


No hace mucho, pude experimentar algo que jamás había imaginado. Después de tantos años de conocerla, de coleccionar sus fotos y hacer un álbum solo para detallarla, de verle caminar por ahí, de escucharle hablar, pero no a mí, aclaro, pude saber por lo menos que no era tan de hierro como lo tenía pensado. 

Sigue… – le acompañé. 


Pude ver que la puerta a su humanidad se abrió por un momento, justo cuando su imagen en mí, seguía creciendo sobre el imposible que sería interactuar con ella. Fue una conversación algo dinámica, pero muy tranquila. Se basó en esa secuencia de cosas que debes preguntar para no salirte de los normalmente sano y esas respuestas que no te llevarán a ningún lado, bueno, a ninguno que yo quisiera – me expresó con una emoción evidente en su rostro. 

Hablamos de sus sueños. Sus metas. Su futuro. De todo. ¿Pero sabes? 


¿Sí? – Pregunté en tono de aprobación. 

Afirmo lo que alguna vez me dijiste “Toda gran mujer, lleva consigo una tragedia”. Le hice esa anotación y me dijo que sus tragedias no eran tan escondidas. Que tampoco tiene los tres mil pretendientes que la gente piensa y que los hombres que le buscan son tipos de mala fe o comprometidos; como siempre. 

Entiendo – Expresé. 

Me dijo tantas cosas y hasta le escuché la voz: es tan tenue, tan tranquila y plana. Demuestra una serenidad que aterra. No pude mantener la calma ante sus palabras. En serio no pude evitar pensar en compartir un atardecer hablando de su vida. Escuchar sus historias y volver a hacer un pequeño escrito como este que tengo en la mano y te estoy mostrando. Toma. 

Tomé el escrito y lo leí. 

Has escrito tantas cosas. Es realmente impresionante. Siempre te han gustado las buenas mujeres. Lastima ninguna de ellas ha logrado quedarse en tu vida, incluso, llegar. Espero puedas sacarle la invitación a ese momento en que creas tu propia tortura, o, tu propia redención – Agregué. 

Ojalá, hermano. Creo que tanto tiempo siendo su admirador, ya debo saber qué hay más allá de ese físico perfecto y sonrisa preciosa…- me expresaba con brillo en sus ojos. 


Suena la alarma de mi celular y despierto. 8:15 a.m. No logro recordar quién era el muchacho, ni mucho menos quién era aquella mujer. Solo sé que para ese hombre: ella es un ser sensacional. Hoy, intentaré acostarme un poco más temprano y retomar ese sueño. Quiero saber si él, logra seguir abriendo la puerta de su vida emocional y...


un poco más allá. 


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