¿Qué nos daña el amor a fin de cuentas?

Aquí estoy de nuevo en esta zona de comidas, intentando huir del aburrimiento en casa. Como lo de siempre y creo que ya sabes que puede ser. Me he sentado en un rincón del amplio lugar. Esta vez, no es en la mesa de en frente. Es en una mesa diagonal muy cerca de mi ubicación; todo lo que allí está pasando se puede ver. Ella, sostiene en su mano algo como una cartera. Él, tiene su celular y un paraguas. Si mi estimación no falla, pueden tener entre dieciséis y diecisiete años. Jeans, camisetas y chaquetas para el oscilante frío de esta ciudad. Él, sigue mirando todos los locales que aquí hay, buscando qué comer y compartir con ella. 

Han elegido. Él, se levanta de la silla y se dirige a una tienda. Regresa. Yo, alcanzo a medio entender de sus palabras y expresiones que; lo que quiere comer es más caro que su presupuesto. Ante esto, ella, saca de su cartera, un billete y unas monedas, se las da a él, con indecisión. Puedo imaginar que es para el transporte, Uber, taxi, tíquet del metro, en fin. Él, la convence de que se los entregue; ya tiene todo planeado, creo. Ojalá sea así. Él, fue y regresó con un combo de hamburguesa, papas, gaseosa y no sé qué otra cosa. El transporte está en veremos. 

Ha pasado algo de tiempo y ellos siguen compartiendo, sonriendo y dándose besos; dichosos los que comparten el amor. La comida ha acabado y aquí cierran en breve. Él, puedo entender, le dice que ahora en un rato, bajarán al subterráneo de este centro comercial, en el cual hay una estación del metro. Ella, refleja su angustia de imaginar no saber cómo volver a sus casas. Él, sonríe y la abraza. Ella, coloca esa mirada nerviosa fijamente en él y este solo sonríe; que forma sublime de decir: “todo está bien”. 

No sé como vinieron a parar aquí, pero ya se están marchando, abrazados, riéndose y mirándose a los ojos muchas veces. Han tomado las escaleras eléctricas que llevan al metro. Pase lo que pase allá abajo, el Amor ha superado la barrera del dinero, esta vez. Las ganas de cumplir una cita o un gusto, podría terminar en un cuento muy largo si no consiguen acceder a la línea azul del metro de la ciudad, ¿pero qué más da? ¿No son las cosas qué sería el ser humano capaz de hacer por alguien a quien ama? 


Yo, mejor sigo acabando esta porción de comida, que ya casi me echan de aquí y no quiero dejar mi dignidad en un “entendi, obrigado”. 


Aunque pensándolo bien, me surge la pregunta: 


¿Qué es lo que nos daña el amor a fin de cuentas?

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