Ayúdame Freud, porque en realidad no sé si estoy loco o realmente estoy tan solo. Estoy sentando frente al televisor, esperando ver a mi amor de tele en el noticiero de la mañana, ese que dice lo que le da la gana, mientras recuerdo que aquella vez solo quería un café; pero la vi. Mientras tanto, la bailarina vecina en su piso de arriba, está a la medida de la mujer que no soñé jamás; ella es un santo pecado, pero pa´que le hablo de mí si está de más. Llevo años escuchando sus pasos y aún no sé si su nombre es Laura, Martha o simplemente Malena, como el amor eterno de Renato Amoroso. Pero siendo sincero, me siento millonario con lo poco que tengo, tanto así, que de las cosas más valiosas que existen son las historias del portero de este edificio 32 o de mi amigo del quinto piso; el taxista.
Voy al bar de medio pelo que le quita el desconsuelo a los que no saben que hacer con el desvelo, como yo. Allí te enamoraste de ti, y te llamé “La nena”, ya que, en realidad eras una niña buena. Quise secuestrarte aquella noche, pero no fue así. Te dije que yo era lo mejor de lo peor que habías conocido y me dijiste que fuéramos suavecito, porque ya sabias que yo era el demonio en casa. Me dijiste que Jesús es verbo y no sustantivo, que te diera mis huellas para usarlas de zapatos y que al final, meterte conmigo era como irse a cara o cruz. A fin de cuentas, si el norte fuera el sur, aquí estarías tú escribiendo este texto con alguna de las canciones que sabes que me gustan y no yo, tratando de asimilar que te fuiste sin la gritería que antecede a un fiasco, sin el argumento de un pecado ilustre o sin una mentira escrita en un papel, pero ten por seguro que algún día te encontraré, futuro amor de mi vida.
Definitivamente eres un maestro, tus palabras reflejan todos los sentimientos que pueden desembocar está historia, amor y dolor en un mismo momento.
ResponderBorrarGracias por compartir tus letras con el mundo
Gracias, hermano. Gracias por ser editor y revisor de mis locuras hechas escritos.
Borrar