Bus 476A/10

Hoy, llueve, llueve muy duro. São Paulo es una ciudad caótica, una ciudad muy enredada y me ha costado el día de hoy tomar esta ruta. Vengo de la universidad, camino a casa, el bus estaba muy lleno, pero después de unas paradas, al fin, pude sentarme. De repente, suena en mis audífonos una canción que dice más o menos así; “Ahora traes la lluvia y, aunque ya no tenga edad, me desvisto en la tormenta, grito tu nombre en la calle. Ahora que te encuentro todo se vuelve verdad, se derrumban los palacios y traes verde a sus solares”, precisamente mi mente se centra en una mujer, recuerda las poquitas cosas que sé de ella, que le he notado y de esas astillas de emociones de cuando la vi por primera vez.

Mi vida hoy está lejos de mi familia, de mis amigos, de mis enemigos, de todas esas personas que de alguna forma logran reconocerme, pero siento que mi distancia de ella físicamente está a menos de unos metros, desde ese día en que la pude ver. Un saludo de “Hola”, me permitió saber que es de las mejores personas que podré conocer en mi vida.

La canción “Ahora que te encuentro” es toda mi vida resumida en las tantas cosas que pienso de ella. Una de las tantas canciones que, si la vida y ella me permiten, le lograré dedicar, recomendar, o simplemente mostrar. Solo deseo que el “Virus del miedo” no contagie demasiado sus pensamientos. Deseo que por lo menos, su vida, conozca la mía. No creo que sea tanto pedir, a lo mejor puede que nos encontremos en algún momento del futuro. A lo peor, puede que a cada minuto que pasa, nos alejamos a 5 centímetros por segundo.

Ya estoy llegando a casa, me quedo en la próxima parada, pero no creo que sea lo último que escriba sobre ella... no lo veo así.

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