Giana, el tiempo se detuvo en tu verdadero amor (Capitulo II)

Después de aquel suceso con Giana y su arranque de locura, sigo pensando en que responderle, que consejo darle. Solo deseo no encontrarla de nuevo por estos días, ando con una confusión emocional que creo, le daría un consejo catastrófico; el peor consejo que jamás haya dado. No me alcanzo a imaginar que le pasa por la cabeza a esa mujer. En realidad, me aterra la idea de que se le declare al novio de su mejor amiga. Por otro lado, también me carcome la idea que siga sufriendo en silencio. Lo dijo Sigmund Freud “Nunca somos tan indefensos al sufrimiento como cuando amamos”, y esa situación la puede llevar a ser vulnerable a cualquier situación. Ojalá y no se le pase por la cabeza algo trágico como suicidarse, o acabar con la vida de alguno de ellos dos. Se han visto muchos casos de ese tipo. Ella está susceptible a todo y cualquier estimulo en estos días, es de atención. Creo que la voy a llamar. Después de todo no se puede dejar a esas personas así en soledad; es peligroso.

Intente todos estos días contactarme con ella. Las llamadas se van al buzón de mensajes, no le encuentro por ninguna red social, los e-mails tampoco los contesta; ya me estoy imaginando lo peor. Yo creo que debería llegar a su casa, no sé qué me dices tú, amigo lector, si es conveniente. Ella me pidió un consejo y yo no pude ayudarle, de seguro a nadie más le contó y estará sumida en decepción y quien sabe que otras cosas más. Después de pensarlo muchas veces, me decidí a ir a su casa. Por suerte vive en el lugar de siempre. Emprendí el camino y al llegar ¿adivina?, la encontré en la terraza, sentada en una silla muy cómoda, sonriendo a carcajadas y con una felicidad enorme; me impresionó eso. Siendo sincero, no esperaba encontrarla así. Al verme le dio gusto, creo. Seguí dando los pasos hacia su encuentro, fue un placer saludarla. Me pidió ponerme cómodo que su casa también era mi casa. Después de todo el protocolo inicial de saludar a todos los presentes y hasta los que estaban dentro de la casa, estúpido, por cierto, le pregunté sobre como seguía y me dijo que muy bien, que excelente y que su vida había dado un vuelco total. Yo en serio pensé que estaba medicada o alguna cosa por el estilo, no me cabía en la cabeza ese cambio tan repentino y rotundo.

Comenzó diciendo: "¿Recuerdas aquel día que hablamos?, créeme estuve muy desesperada, angustiada y todo era culpa de un sentimiento que yo no quería, que nunca deseé…"

¿Recuerdas aquel día que hablamos?, créeme estuve muy desesperada, angustiada y todo era culpa de un sentimiento que yo no quería, que nunca deseé, pero llegó, bueno, seguí tu consejo, esa noche me eché a llorar y a sufrir como una idiota, lloré tanto que de algún modo sentí desahogarme, sentí que el llanto me dio una nueva luz, un nuevo camino. Estuve aquí en mi casa sumida en llanto, Gabriela me llamaba a ver que me sucedía y pues yo tuve que mentirle más de una vez, excusándome de cualquier manera, para no alterar el rumbo de la vida. Mike, también me llamaba, escribía, preguntándome que pasaba, que no estuviese mal, que todo mejoraría y que todo en esta vida pasaba cualquiera que fuese la situación, y créeme, en una oportunidad de esas casi le digo todo, pero bueno, no lo hice. 

Fue un miércoles, de esos días que ves la semana casi acabar y aún está en su comienzo, tenía que salir al banco a hacerle un mandado a mi mamá, me había quedado dormida y salí corriendo, no me peiné muy bien, no tuve tiempo de maquillarme e incluso, ni de perfumarme, en fin, alcancé a llegar y había tremenda fila, de esas filas que estresan. Imagina, llegando a la caja me acordé de que tenía que llenar un formato de esos que existen para ese tramite, salí de la fila y le dije a la persona que estaba detrás de mí que ya volvía, que no demoraba, ya que, tenía que pedirle un papel de esos al vigilante. Tuve tan mala suerte que los formatos habían acabado y tenía que esperar que una funcionaria los trajera y con eso, creí que perdería mi turno. Yo expresé en voz alta la situación y de repente un muchacho se me acerca, me ofreció su formato, pues no lo necesitaría, me dijo, yo de lo más apenada, accedí a tomarlo después que él me insistió un par de veces; en verdad yo lo necesitaba. Agradeciéndole, fui a la fila y pude hacer la diligencia, menos mal. Cuando iba saliendo del banco, me volví a encontrar al muchacho, mirando hacia el horizonte, con un despiste único y hasta frustración, me le acerqué a darle las gracias una vez más… 


- ¿Hola, que tal? Gracias por eso que hiciste por mí. En serio no podía perder el puesto en la fila, demoraría todo el día allí de pie – le dije señalando la larga fila que se veía desde el lado de afuera.

- Hola… bien, tranquila, por lo menos alguien no perdió el día como yo – me respondió con un tono de decepción.

- ¡Qué mal! Lo siento mucho. Pero, ¿por qué perdiste el día? ¿Qué te sucedió?

- Nada que a un idiota como yo no le pase. Se me quedó la cédula y uno de los tramites que iba a hacer, era indispensable presentarla. Como se le ocurre a alguien salir sin cedula de su casa y menos si va para un banco… - me dijo con un tono de rabia.

- ¡Cálmate, por favor! Ya no se puede hacer nada, creo. ¿Por qué no vas a tu casa y vuelves? – le pregunté ingenuamente.

- Ya no puedo, el permiso en el trabajo fue solo en la mañana. Es mi primer trabajo, tengo unos pocos meses y no puedo quedar mal – me dijo en tono de resignación.

- Lo siento mucho. ¿Hay algo que podría hacer por ti? Sí quieres mañana yo vengo muy temprano, te aparto el cupo y puedes hacer la diligencia. Yo estudio aquí cerca y pues mi clase comienza un poco tarde siempre; el profesor llega tarde o no llega - le dije con la más sana intención de pagarle el favor hecho. Siempre que recibas una buena acción, devuélvela multiplicada, pienso siempre.

- No. No, por favor. Eso no – me expresó mientras me miraba a los ojos y me bajaba las manos con delicadeza como acto de bondad. 

- Pues para mí no hay opción, mañana estaré aquí muy temprano, si me dejas aquí, es tu decisión, yo debo pagarte el favor. Si no vienes, igual la vida entenderá que quise pagar una buena acción recibida.

- Mmm… no. No por favor, eso es mucho de tu parte. No lo hagas.

- ¡Está hecho!, nos vemos mañana. Mucho gusto Giana. Chao, debo irme a casa.

- Espera… ¡Mujer, espera! – fue lo último que alcancé a escuchar, mientras me iba alejando a pasos rápidos.


Yo, aun sentado en la silla, solo escuchándola, veía como se emocionaba más y más. De repente, interrumpió y le pidió el favor a una niña que a lo mejor era familiar de ella, que nos comprara una gaseosa y unas papas fritas, ahí sospeché que lo que me tenía que seguir contando estaba aún comenzando. Me puse lo más cómodo posible y le pedí que continuara.

“Pues sí, como te venia contando, al día siguiente, me levanté temprano, muy temprano...”

Pues sí, como te venia contando, al día siguiente, me levanté temprano para pagar mi favor, ya lo había prometido, en un momento del despertar casi me arrepiento de ir, no acostumbro a madrugar, pero ni modo. Llegué al banco y tomé puesto, fui de las primeras, comenzó a llegar más gente y pues, sabía que era un buen puesto, ahora faltaba que el joven llegara. Pasó tiempo y no llegaba, yo pensaba que me iba a dejar allí parada haciendo fila para nada. De repente, sentí una mano en mi hombro y volteé, era él…


- Hola, Adriana. En serio viniste, yo tengo una hora y un poco más para esto, en esta posición de la cola, créeme que en menos de eso logro salir. En serio muchas gracias – me dijo contento.

- Hola, es Giana. Jejejeje, no te preocupes, ya casi me tengo que ir a la universidad y pues ya pagué mi favor.

- Jajaja que embarrada, Giana, Giana, juro que no lo olvidaré. ¡Mucho gusto, Jeremy!


Después de eso, nos quedamos hablando un rato, mientras llegaba la hora de él ser atendido y yo de partir a la universidad. Tuvimos una conversación bastante divertida, el recordaba mi nombre a cada poco tiempo. Cuando me iba, me pidió mi número de teléfono, se lo dicté con prisa, yo tenia que irme, no sé en que quedó él en ese instante. Ese día tuve un día maravilloso, creo que fue de los días motivadores que recuerdo, para esa época. Había pagado un favor y había conocido un muchacho agradable. 

La niña del mandado la interrumpió y le entregó lo del favor pedido de unos minutos atrás. Me brindó la bebida y el Mekato. No quería abrir lo suyo, pues no quería comer y hablar, me dijo. 

Se paró un momento, fue dentro de su casa, no sé qué hacía, pero no tardó mucho y siguió…

“No me gusta cuando me interrumpen, pero bueno, sigamos…”

No me gusta cuando me interrumpen, pero bueno, sigamos, no te voy a dar detalles de cómo fue el proceso, ni todo lo que hablamos, pero Jeremy es mi novio. Es algo parecido a Mike, pero para mí es mejor, es mío, es un hombre que me valora. El hombre que yo merezco. Yo para él fui como ese golpe de suerte que le cambió la vida, le estaba costando adaptarse a su trabajo, tenía problemas en su casa y estaba viviendo la vida muy plana, sin emociones, sin motivación alguna. Para mí, fue la razón para ser feliz. Solo eso. Soy feliz. Se ha vuelto un pilar en mi vida, me ayudó en su momento a no sentirme tan sola, tan renegada a las decepciones que tenía y a reconocer que no existe una única persona buena en el mundo. Conocí su familia y a sus compañeros de trabajo. Todos son muy buena gente, muy educados y me tratan súper bien. Mi familia también lo conoce, le parece un buen muchacho y se ha ganado el respeto por todos. Siempre intenta tener acercamiento con todos y hasta se ganó fama de chistoso, ante un momento de aburrimiento y silencio; siempre busca la manera de cambiar los ánimos. Que suerte he tenido. Nuestra relación se ha basado en el respeto mutuo, en todas esas pequeñas cosas que a diario nos suceden y nos llevan a la comprensión el uno del otro. No es una relación perfecta, pero es una relación verdadera.

Yo le noté muy feliz, no se parece a la Giana que vi aquel día en el bar. Su suerte había cambiado, menos mal. Siguió contándome cosas de una manera muy contenta, muy feliz y hasta se notó en plenitud personal. Mientras tanto yo, escuchaba todo y mi asombro personal fue disminuyendo de a poco, ya había aterrizado en su realidad, en lo que estaba viviendo. Ya había visto que en verdad era feliz. Solo quedan huellas borrosas de las pisadas de sufrimiento. No le pregunté por Gabriela y Mike, pero me dejó entre ver que su amistad es más fuerte ahora, más sincera, pues no habrá un secreto que guardar, ni un sentimiento que ocultar. Era lo que queríamos, cierto amigo lector, que ella fuese feliz. De repente, se paró de la silla y me dijo ya vuelvo, voy a tomar el teléfono, quiero mostrarte algo. Al volver, arrima su silla un poco más hacia la mía, mientras me decía con algo de incertidumbre “ninguna relación es perfecta, pero hay una cosa” …

Ninguna relación es perfecta, pero hay una cosa que yo me he puesto a mirar y analizar de a poco. Mira aquí, estas fotos son algunas viejas y otras no tanto, pero siempre veo que este muchacho sale en ellas, pero nunca él me lo ha presentado. Me dice que son muy buenos amigos, pero nunca se ha dado la pequeña oportunidad de hablar con él en persona, saber quién es y esas cosas. Incluso, cuando le pregunto por esas ese muchacho no me dice nada, me dice que es un gran amigo y que sus obligaciones no lo dejan coincidir con nuestro tiempo, pero que es un gran amigo, uno muy cercano. Estas otras fotos, está esta muchacha y sucede lo mismo que con su amigo. Ojalá algún día podamos compartir un rato. Tengo muchas ganas de conocerles.

Su mamá interrumpió la ceremonia de historia de amor que Giana me estaba narrando, la llamó, ella entró y salió de una. Me dijo que debíamos acabar con la conversa y que la visitara de nuevo un día de estos que Jeremy estuviera, para conocerle. Yo me levanté de la silla e hice todo el protocolo de despedida. Yo no tenía licencia para su visita. Llegué de repente y era entendible. Mientras me iba alejando de su casa pensé que; es cierto que toda relación tiene cosas por mejorar siempre y en la medida que se va dando el tiempo, se van sabiendo más defectos y virtudes, más gustos y disgustos, pero se quiere más y mejor, siempre he pensado eso. Lo ideal, y se lo dije, es que se olvide de caer en la costumbre, que día a día intente hacer o decir cosas nuevas, que la relación se torne más sedimentada y fuerte para el futuro, el cual es incierto, en esta sociedad tan dañada por la envidia y la maldad, y tener una relación de esas como la de ellos es un logro, un tesoro.

Llegué hasta la carretera a esperar un taxi o un autobús para ir a casa. Ya era hora de también cerrar mi día y enfrascarme en mi vida, la de Giana ya estaba bien, diría que óptima. Demoré más de cuarenta minutos esperando un medio de transporte y nada, así que decidí caminar hasta un punto más concurrido por medios de transporte público. Al llegar, había demasiada gente, todo era caos, era el núcleo del servicio público en cuanto a transporte se refiere. De un momento a otro, me quedé mirando a lo lejos, con la mente en blanco, sin pensamientos y solo me di cuenta que respiraba. Al volver el foco visual, miré un muchacho idéntico, muy parecido a Jeremy, agarrado de mano de otro joven, con el cual se despedía de beso en la boca. Yo te hablo que es idéntico al novio de Giana, porque en realidad no creo que sea el mismo. Aunque el rumbo que este llevaba, era justo de donde yo venía, y el otro joven es idéntico al de las fotos que ella me mostró... 

No tengo más que decir, mejor no hablemos más de Giana, yo estoy alucinando a lo mejor, quizás estoy imaginando cosas que no son, quizás estoy buscando congruencia entre cosas absurdas, o en el peor de los casos, lo que vi, fue la mera realidad.

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