Alana, cuando el amor no es lo que parece. (Capitulo II)

Eso de contarte todo de un solo tirón puede que te aburra, por eso recuerdas que te corté la historia de Alana aquel día, pero bueno, continuemos con su historia, que creo, es la historia de una gran mujer desperdiciada, no valorada y hasta denigrada por ella misma, en su primera relación. Te contaba que su primera relación fue difícil. Pero esta segunda, la que te voy a contar hoy; es traumática. Es desquiciada. Lo digo porque en esta relación hubo un dolor insoportable al final. Fue una relación que demoró lo necesario para que Alana creyera en el amor. Pero que le dividió la vida en dos.

Al estar hundida en su dolor por Mark, le costó tiempo en reencontrarse con sus ganas de vivir, de ser feliz, de seguir adelante y hasta comenzar de nuevo. Se refugió en canciones, en poemas y libros de esos que se basan en la comprensión del amor y todas sus tragedias, buscando una razón por la cual ella había pasado por ese tormento. Volvió a recibir visitas de sus amigos y de esas personas que siempre creyeron en ella y nunca la dejaron sola; por más que lo pedía. Comenzó a salir al mundo y enfrentar todas esas críticas idiotas de una sociedad que no comprende que, para muchos, el amor lo es todo. Es el combustible de la vida, que te hace volar un avión, hasta encenderte en llamas y morir. Pasó el tiempo y sus heridas sanaron. No por completo. Nunca se olvida a las personas que de una u otra manera nos hicieron feliz o nos hicieron daño. Solo aprendemos a convivir con los aprecios y los rencores y de una u otra forma, no hacerlos importantes para nuestra vida actual. 

Una noche de sábado, Alana decide acompañar a su amiga Christiane a una integración de la empresa donde laboraba. Esta, insistió todo el día en que aceptara la invitación. Fue difícil, pero Alana por fin aceptó. - La integración no es para nada formal, comida, algo de licor, desorden y todo ese ambiente que hace propicio salir de cualquier aburrimiento posible - le dijo su amiga, recalcando que no se vistiera con tanta formalidad. Alana se vistió de Jean negro rasgado a la altura de las rodillas, una blusa de jean azul claro, de esas que llaman “3 cuartos”, una cadena muy delgada de plata con un dije que tenía la letra “A” colgando sobre su pecho, unos zapatos estilo Converse blancos y en su tobillo derecho, una pequeña “tobilllera” de plata con un corazón. Su cabello lucía más negro que nunca, llevaba unas argollas de mediano tamaño que la hacían ver demasiado atractiva. Imagina tú, esa mezcla de formalidad e informalidad en una mujer hermosa. Ni hablar de su rostro, un maquillaje no tan acentuado, sus ojos brillaban de manera única. Parecían un destello de la estrella más luminosa de todas las galaxias. De esta galaxia. De este universo, de este planeta, de este continente, de este país, de esta ciudad y hasta de la fiesta de esa noche. Llegaron tarde como siempre. Las mujeres y su mala costumbre de hacerse las importantes llegando tarde. El lugar era una mezcla de bar-restaurante, no sé cómo llamarle. Al entrar al sitio, se sentaron en la mesa en la cual estaban unos compañeros de trabajo de Christiane y con toda la decencia del momento, comienza ese protocolo social de presentarse ante los allí asistentes. 

Al estar compartiendo en la noche muy animados todos, entre los sonidos de las voces que intentaban superar el ruido de la música y la confusión del desorden que ameritaba tener unos tragos y algo de euforia, aparece una voz preguntando:


- ¿Te quedarás toda la noche allí sentada sin bailar, Alana?

- No. Pero no quiero bailar ahora. Disculpa – responde ella con algo de timidez

- Por lo menos bailemos esta canción. Mis amigos me colocaron esta penitencia y no quiero perder. ¿Podrías ayudarme a no ser un perdedor?

- Mmmm… No sé. Eeee… - duda varias veces, Alana.

- Disculpa, que mala educación la mía. Mucho gusto Paúl.

- ¡Si! Perdona. También lo soy. Un placer, Alana.

- ¡No! El placer es mío, Alana. ¿Me salvas de ser perdedor, por favor? – dijo Paúl con algo de coqueteo y convicción.

- Solo esta, ¿vale? – Dijo Alana, mientras se levantaba de la silla y se iba agarrada de la mano de ese hombre tan arriesgado y decidido, hacia la pista de baile.

Después de esa “única canción”, fueron muchas más. Alana encontraba esa noche un hombre que hacía mucho tiempo, no la hacía sentir especial e importante. La integración se convirtió en una fiesta de padre y señor mío. Acabó más tarde de lo que todos pensaban. Paúl se quedó conversando con Alana toda la noche. No sé cómo le hicieron, pero la comunicación después de esa noche, iba a ser el camino directo a un encuentro de sentimientos y emociones que se convertirían en un producto llamado relación. Si escribo todo el proceso de conquista de Paúl, creo que te aburriría, pero piensa todas esas cosas bonitas que hace un hombre para conquistar una mujer. Además, la forma en cómo se conocieron y la gentileza de este nuevo compañero de Alana, prometía un futuro brillante y bonito. Eso pensé hasta yo, en el momento que ella comenzó a contarme sobre su segunda relación.

Paúl, era un tipo profesional, así como tú, como yo, vino desde abajo en la vida y logró superar obstáculos y pudo salir del charco, como diría un amigo. Un tipo bien parecido, de tez casi blanca, pelo negro, ojos no tan negros, estatura mediana y contextura promedio. Su personalidad era agradable. Su formalidad y decencia atraparon a todos los allegados a Alana. Atento en todo lo posible y le dio ese toque de felicidad y estabilidad emocional que toda mujer como ella merecía. Los fines eran el paraíso para ella. Vivía en un mundo en el cual tenía su propia luna, su propio sol y su nombre era Paul. Ella, lo comenzó a llamar “Mi Rey”, pues ese castillo de amor construido desde la nada, fue lo mejor que le había podido pasar a nuestra amiga, en todo este tiempo de su vida amorosa. Alana fue presentada ante el círculo social de su amado y como se esperaba, encajó de manera perfecta. Era bien tratada por los amigos de su “Rey”, a las amigas le cayó súper bien y demás. Era el tiempo perfecto. Ese que todas las mujeres en la vida aclaman, quieren y desean en su vida amorosa. No te voy a contar detalles del amor que se profesaba en ese tiempo bueno. Tú, ya sabes cómo se porta un hombre con una novia reciente y como se porta una mujer cuando conoce al supuesto “amor de su vida”. 

Las cosas marchaban de lo mejor, cuando un día común y corriente, Alana, estaba en un restaurante de la ciudad almorzando, pues le habían dado un receso bastante amplio y decidió salir a comer fuera de su lugar de trabajo. De repente, una mujer de cabello rubio, en tacones y vestida muy elegante, le pide compartir su mesa, pues todas las demás estaban ocupadas por hombres y ella prefirió no sentarse allí y evadir cualquier tipo de situación que no fuese de su agrado, ya sabes eso del feminismo y su cuento. Mientras esperaban lo que habían pedido, intercambiaron palabras, se preguntaron cosas y llevaron una conversación muy fluida después de un rato, me contó Alana, y que para ella ese día sería el comienzo de los próximos peores días de su vida. Querido amigo que te cuento esto, creo que hoy me extenderé un poquito, pero lo que le sucedió a Alana después de ese accidental día, merece ser contado tal cual como me lo hizo saber. Al acabar el tiempo de inactividad laboral, no se dio cuenta que ni alcanzó a comer, no se dio cuenta que estaba bañada en lágrimas y derrotada en un dolor incontenible. Que mala suerte tenia. A resumidas cuentas, se había enterado que su querido “Rey”, tenía su esposa, un par de hijos y, en conclusión; una familia. El sufrimiento, su viejo amigo, estaba de vuelta. O quizás nunca se había ido. Pobre Alana…ella se preguntaba si todo lo que le habían dicho en ese momento era verdad, a lo mejor esa mujer del restaurante se confundió, a lo mejor no era su amor, a lo mejor no era su dolor, a lo mejor no era su fracaso, pero no, era la vida de Alana, la vida en que le ha tocado como si estuviese pagando errores de otra vida, de otras personas.

La tarde de ese día fue horrorosa, el dolor en su pecho y la incertidumbre no dejaban tener una mejor actitud en sus labores. Tuvo varios percances por la desconcentración que manejaba. Acabó el día y no quiso mirar el teléfono. No quiso saber si su vida o su muerte emocional, estaría en un mensaje. Llegó a su casa, entró al cuarto lo más rápido que pudo y se tiró en la cama. Sobre el llanto y dolor, optó por llamar a Paúl. Cada toque del teléfono al timbrar, era un puñal que atravesaba su corazón y por fin después de tanto morir a puñaladas directas al corazón, se descuelga el teléfono del otro lado…


- “Mi amor, mi reina hermosa, mi pechiche, la mujer de mi vida” – contestó Paúl en voz animada y alegre.

- Aló – dijo Alana con la voz más triste que tú y yo podamos imaginar.

- ¿Qué te pasó mi amor? – pregunta Paúl con voz de asombro.

- Ya sé todo. Ya sé que tienes tu familia. Sé que no soy más que tu amante o novia, como le dices a tus amigos – dijo con certeza Alana.

- ¡Qué!?

- Ya lo sé. “Por casualidad” me encontré en el restaurante Tsahaylu, a tu esposa. Que he hecho para merecer esto, Paúl, ¿dime? – se expresa Alana con la voz quebrada y una vez más, con el corazón hecho pedazos.

- ¡Necesito verte ahora mismo!

- ¡No!

- ¿Dónde estás?

- ¡No sé! – cuelga el teléfono Alana y se echa a llorar


Al día siguiente Alana decide citar a la esposa de Paúl, al mismo restaurante y de una vez por todas, terminar de saber toda la verdad. Alana, se vuelve a sentar en la misma mesa del día anterior y esperar por aquella mujer. Por fin llegó quien sería su asesina sentimental y emocionalmente de una vez por todas.

- Soy todo oídos. Perdóname si lloro, pero no te detengas en contarme todo, por favor. – dijo alana, como cuando le pides a tu sicario, que te mate, pero no de manera tan acribillada.

- Está bien. – dijo la asesina de Alana…

- Paúl es mi esposo hace más de 5 años, tenemos dos niños y siempre hemos sido una familia feliz, eso creo. Hace un tiempo para acá hemos tenido problemas por su trabajo y su tiempo. Me dice que no le queda tiempo para nada y que el tráfico se pone fatal a su hora de salida. Los fines de semana hacemos cosas de una familia normal, salimos con los niños, estamos en casa, nos divertimos, vamos a donde sus amigos, su familia, la mía, en fin, somos un buen núcleo social, aunque haya problemas. Su actitud conmigo es diferente desde un corto tiempo para acá. Lo noto muy pegado al teléfono, siempre lo mantiene en vigilancia, sus amigos ya no vienen como antes y sus amigas en las reuniones parece que se burlaran de mí. Su familia siempre me hace comentarios sobre que pase lo que pase, soy la madre de sus hijos y ese tipo de cosas… - comentaba la esposa de Paúl.

- ¡No te creo! ¿Entonces como nunca me di cuenta de eso…? – interrumpió Alana con lágrimas que corrían todo el maquillaje que se había aplicado horas antes.

- Créeme, mujer. Lo siento, pero es la verdad. estoy aquí, a tu encuentro, porque he averiguado sobre ti y sé que eres una buena mujer, eres una gran mujer y no quiero que creas que hago esto por empujarte al vacío y que te alejes de él, lo hago porque como mujer sé que se siente estar engañada de esta manera y más, cuando tu vida emocional es toda una farsa. Ya te he contado lo suficiente, no habrá más detalles. Y no fue casualidad sentarme aquí en tu mesa, no fue casualidad saber que saldrías a almorzar ayer a esa hora, perdóname – fue lo último que dijo aquella mujer, mientras se levantaba de la silla y se marchaba con rumbo desconocido.


Alana se quedó sentada un rato más en esa silla, la cual fue su lugar para el sepelio. El lugar para morir de una vez por todas. Salió del restaurante por solicitud del administrador de aquel lugar, pues ya iban a cerrar. Al llegar a su casa, volvió a hundirse en su mar de lágrimas. En su dolor inmenso y detestable, pero real. Esa noche aquel gran amor moriría, aquella noche seria el sepelio de un Rey que tenía más de una Reina, hasta Príncipe y Princesa, un Rey sin corazón, que no entendió que Alana era una buena mujer y no merecía tal pago. Pensó seriamente en suicidarse, incluso en cometer una locura; matarlo. Pero no, recapacitó. Se fueron de su cabeza esas ideas para nada buenas. Esa misma noche lo eliminó de todas las redes sociales, borró todas sus fotos juntos, quemó todos los peluches y regalos que había recibido, entre lágrimas, le dijo a su familia que la relación con aquel hombre había acabado, que todo fue una farsa, un engaño. Después de esa noche, nunca volvió a contestar llamadas de Paúl. Nunca quiso saber de su ex amor, jamás. su vida fue un total caos, incertidumbre, dolor, tristeza, desvelos, ganas de no seguir.

Días después de tal fracaso, decidió renunciar a su trabajo. Dejando la carta de renuncia en tal lugar, me la pude encontrar, por suerte, y preguntarle qué hacía con esa maleta en la mano…


- Me voy de la ciudad, hablamos algún día. Lo siento – me contestó con la prisa, como con la que el viento se lleva las palabras…

- Tendré el mismo número - fue lo último que alcancé a escuchar…


...Pues creo que me extendí mucho, perdóname amigo lector, me emocioné contándote todo tal cual como ella un día me lo contó, por teléfono, aclaro, no le he vuelto a ver en persona, pero manejamos una conversación muy apegada, hablamos todos los días, es un buen hábito y algún día te contaré más cosas sobre ese engaño, claro si quieres. Pronto te contaré como va su relación actual, que no es nada parecida a las dos que hoy sabes. Ya te lo dije, hoy Alana si vive su verdadera historia de amor, eso me dice. Ojalá y las secuelas de Mark y Paúl, no le hagan daño. 


Ojalá no se convierta en una mezcla de los dos…

Comentarios

  1. Espectacular. ����

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  2. Querido escritor, sin duda alguna las entradas de tu blog son lo más parecido a la realidad que vivimos todos en algún momento, mi curiosidad me permitirá conocer ese final feliz que tanto anhelamos!

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    1. Ojalá llegue ese final feliz. Depende de Alana, si su historia termina como todos anhelan.

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  3. Súper, son historias reales que le suceden a personas reales, que con slu inocencia solo buscan lo más importante en la vida: Amor!

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    1. De acuerdo contigo. Suele pasar cuando alguien encuentra una muy buena persona, o una muy noble...

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