Si supiera su nombre, le diera los buenos días solo a ella…
todos los días en mi trabajo hay situaciones nuevas, felicitaciones, regaños y aprendizaje sobre sobre cualquier cantidad de cosas que no me alcanzo a imaginar. Siempre llego tarde y no tengo la menor idea de cómo ser puntual. Siempre he dicho que “la puntualidad te hace menos interesante, más predecible”, y es quizás por eso que no hago algún esfuerzo por serlo. Bueno, a menos que me toque por un asunto de obligación, burocracia, le llaman algunos. Cosa que no me agrada para nada.
Tengo varios días llegando a mi lugar de trabajo y he notado que hay una mujer distinta a todas esas que alcanzo a medio divisar de lunes a viernes. No soy de mirar y saludar a todo mundo en cuanto llego. Ese estrés de estar mirando a quien no saludas, a quien no le das los “buenos días”, me lo evito, siguiendo de largo por el pasillo que conduce a mi sitio de trabajo. Ella tiene un cabello negro hermoso, sé que usa lentes, pero no sé el color de sus ojos, ni tengo la menor idea sobre su silueta, pues siempre la veo sentada.
Mi poca capacidad de romper el hielo, no me ha permitido conocerla, saludarla o por lo menos saber su nombre. Tengo tantas variables en contra que, salgo justo antes que ella se pueda mover de su sitio de trabajo, llego y no está en su puesto, voy demasiado tarde y no alcanzo a mirarle, o cualquier otra cosa mínima que dejan escapar el momento de gratitud por verle. He averiguado, por lógica, por sentido común, sin preguntarle a nadie, que se coloca en las sillas donde todos almuerzan a medio día. Hasta ahora, nunca pude verle o por lo menos encontrármela en el pasillo, en uno de esos accidentes casuales que la vida está acostumbrada a hacer con las personas, pero tengo la certeza que con el tiempo y mi tan “buena suerte”, digo buena, porque creo que soy afortunado y castigado a la vez en ver desde la distancia a mujeres increíbles y no poder transcender en sus vidas. Creo que esta es una de esas mujeres impresionantes, buenas y con alguna cualidad que la hace única frente a otras.
Siempre intento inmortalizar a las personas que me causan admiración o gusto en un escrito. Creo que es un mal hábito, o simplemente una vía de desahogo, o de consuelo por la necesidad de tener en mi vida cosas que me causen motivación. Ella, me ha inspirado a escribir esto, no sé quién es, no sé si quiera su nombre, solo sé que desde hoy le he llamado “la Chica más guapa sin nombre”. Deseo saberlo, deseo escuchar su voz, mirarle a los ojos y ver que “tantas cosas por contar” tiene, como lo dijo La Oreja de Van Goh en una de sus tantas canciones. Tengo claro que algún día le podré hablar y darle algún saludo. La vida se basa en sueños y metas, ella no es ni lo uno, ni lo otro, pero me motiva a saber quién es, creo que dentro de poco terminará siendo a lo mejor una buena conocida. Sería el premio justo a mis pensamientos sobre ella. Conocerla tiene que ser con decisión, con actitud. Cosas que siempre tengo cuando estoy fuera del lugar de conexión con ella. Siempre pensando en que “mañana le hablo”, “mañana la saludo”, “mañana le diré a “Mi amiga” algo, con la excusa de verle”.
He intentado de alguna manera el acercamiento, buscando la excusa perfecta para forzar ese momento de decirle mi nombre y saber el de ella. Creo que es por donde comienza el formalismo idiota de la sociedad. No soy nada formal, pero ella me lo parece y la mejor manera de no dañar esa primera oportunidad, será ser un poco cercano a la impresión que tengo de ella.
Me acerco a “Mi amiga”, la saludo y le pregunto:
- ¿Qué tal tu día? – pregunté.
- Todo va bien – Responde ella con entusiasmo.
Y comienza a decirme esas cosas que suelen decirse cuando alguien se interesa en saber “¿Cómo estás?”. de repente "la chica mas guapa sin nombre" expresa unas palabras hacia mi amiga y por fin pude escucharle la voz, mirarle y ¡puta madre!, es más linda de lo que pensé, o más bien de lo que pude percibir antes de estar tan cerca a ella y detallarla. No se dio más nada. Solo contestó una pregunta que le hicieron y fue el comienzo de un asunto de construcción de personalidades en mi mente para con ella.
Todos los días intento saludar a “mi amiga” y quedarme con ella hablando un rato con ella. esta a solo un metro de distancia de la mujer sin nombre. Encontré la excusa para estar cerca, escucharle la voz o verle, aunque dudo que ella no lo haya notado. Las mujeres inteligentes saben cuándo un tipo tiene “gusto”, “atracción” o simplemente admiración. Solo anhelo no parecer tan torpe y tan idiota como lo he sido hasta ahora. No he querido preguntarle a “mi amiga” por ella, pues parecería más estúpido y lanzado de lo que en realidad quisiera ser.
Si solo pudiese saber su nombre, la llamaría con propiedad y le dijera:
- “xxx, la chica más guapa, buenos días.
- Buenos días, Jake.! – que exclame ella.
Solo su nombre…
Es tan genial sentirse identificado, sentir que lees tu vida escrita por mano de otra persona que no tiene idea de que existes ... Gracias por compartir este relato.
ResponderBorrarAplausos y espero leer muchos más.
Por nada. Un fuerte abrazo y si postearé algunos otros.
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